Carta a mi hijo que aún no mira la sombra

José Luis Barrientos León

 

Mira tus manos, hijo, ahora que son tuyas y no del mundo,

ahora que el tiempo es un río que corre sin hacer ruido

y el sol no es un testigo, sino una fiesta en tu piel.

No dejes para el mañana de la ceniza el asombro del origen;

reconoce la fuerza que te tejió el misterio en la carne

hoy que la sangre danza y el mañana es solo una palabra hermosa.

 

Canta ahora, que el pecho es amplio y no pesa.

Porque llegará un día, un día puntual como el olvido,

en que el paisaje perderá su color de infancia

y cruzarás los pasillos de tu propia alma diciendo:

«Nada me toca, nada me colma, todo es un eco vacío».

Antes de que el cielo se vuelva un techo de plomo,

y la noche no traiga descanso, sino una vigilia gris;

antes de que la tormenta no limpie el aire,

sino que engendre otra tormenta en tus ojos.

 

Mírate bien en el espejo del presente, hijo mío.

Los pilares que hoy sostienen tu orgullo cederán,

los brazos que conquistan el viento empezarán a temblar,

y las piernas que hoy corren tras el deseo se encorvarán,

vencidas por el peso invisible de haber sido.

Aprende a mirar la luz ahora que tus ojos son ventanas limpias,

porque el polvo de los años va trizando los cristales

hasta que el afuera se vuelve una mancha borrosa y ciega.

 

Las puertas del comercio con el mundo se irán cerrando una a una;

el ritmo frenético de la vida, esa molienda de los días,

se apagará en un rincón de la memoria.

Llegará el silencio, no como una paz, sino como una renuncia.

El trino del pájaro más alto te parecerá un ruido lejano,

y las melodías que hoy te encienden el pecho

serán solo un rumor ahogado por la fatiga.

 

Entonces, el abismo que hoy te desafía te causará espanto.

Mirarás la cumbre y ya no verás la gloria, sino la caída.

Cada paso en la arena será una amenaza,

y el camino, que antes era una promesa de viaje,

se convertirá en un laberinto lleno de trampas.

Por eso te lo digo, con la lucidez amarga de quien ya ve la tarde:

Vive en el dios que eres hoy, antes de que el invierno te reclame.

Sé todo en cada cosa, hijo, antes de que el molino deje de girar.

 

Ver métrica de este poema
  • Autor: Jose Barrientos (Seudónimo) (Offline Offline)
  • Publicado: 30 de septiembre de 2026 a las 10:29
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 1


Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.