Nunca creí en el peso del tiempo
hasta que llegaste tú.
Tú,
a quien podía querer durante horas,
la mujer que encontraba mis poemas
entre los minutos de los días,
la diosa que adoraba
mientras los segundos se me escapaban
como arena entre los dedos.
Contigo el tiempo no pasaba.
Se perdía.
Se nos iba entre conversaciones,
entre silencios que también decían cosas,
entre horas que parecían demasiado pequeñas
para todo lo que quería vivir contigo.
Y también estaban las estaciones.
La primavera llegaba
como si el mundo supiera de nosotros,
el verano se quedaba demasiado tiempo
porque nunca parecía suficiente,
y el otoño comenzaba a cambiar los colores
sin que todavía supiéramos
que algunas cosas ya estaban cayendo.
Después llegó el frío.
Y descubrí que también existe
un invierno dentro del tiempo,
uno que no se mide por la temperatura
sino por la distancia entre dos personas.
Hoy esa mujer ya no está
y el tiempo aprendió otra forma de existir.
Hay días en que pesa,
como si cada minuto llevara tu nombre.
Otros en que desaparece
y puedo pasar una tarde entera
sin saber exactamente dónde quedó el recuerdo.
A veces todavía te encuentro
entre los segundos,
en aquellos minutos,
en esas horas
donde alguna vez nos perdimos juntos.
Te encuentro también en las estaciones.
En una tarde de verano
que todavía guarda algo de tu voz.
En el otoño
cuando una hoja cae
y pienso en todo lo que alguna vez cayó con ella.
En el invierno,
cuando la ciudad parece contener la respiración
y el silencio tiene una temperatura propia.
Pero ahora son solamente eso:
tiempo.
Tiempo que pasó.
Tiempo que cambia.
Tiempo que ya no pregunta por ti.
Han pasado muchas horas desde que te fuiste
y todavía más minutos
desde que empecé a desprenderme de tu amor.
Y quizá eso sea lo extraño del tiempo:
no borra lo que toca,
solo cambia la distancia
desde la que lo miramos.
Un día fuiste horas enteras.
Después, minutos.
Luego, apenas unos segundos
apareciendo sin aviso.
Y ahora te pienso
sin saber cuánto dura un pensamiento.
Tal vez ese sea el verdadero misterio:
que alguna vez quise detener el tiempo contigo
y hoy solo quiero que siga pasando.
Que vuelvan las estaciones,
que el verano termine,
que el otoño haga su trabajo,
que llegue otro invierno
y después otra primavera.
No para olvidarte.
Sino para descubrir
que el mundo también puede cambiar de estación
sin volver a preguntarme
por qué tú no volviste.
-
Autor:
Mr. W (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 29 de septiembre de 2026 a las 15:25
- Comentario del autor sobre el poema: Para mí, este poema habla de cómo el tiempo cambia cuando alguien deja de formar parte de nuestra vida. Me gusta pensar que las estaciones representan eso que no podemos detener: mientras nosotros seguimos recordando, la primavera vuelve, el verano termina, las hojas caen y el invierno pasa. Y quizá lo más íntimo del poema está ahí: no en olvidar, sino en aprender a dejar que el tiempo siga avanzando sin sentir que cada estación tiene que llevarnos de vuelta a la misma persona
- Categoría: Amor
- Lecturas: 1

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