NOS TOCÓ VER NACER LA TECNOLOGÍA

LA MECHE Y WCELOGAN 🔛



NOS TOCÓ VER NACER LA TECNOLOGÍA

 

 

 

 

Nosotros no nacimos con tecnología.

Nos tocó verla nacer.

 

Y eso, aunque no parezca gran cosa, es una experiencia que solamente puede contar alguien que alguna vez tuvo que levantarse del sofá para cambiar el canal del televisor.

 

Nacimos en un mundo donde para llamar a alguien había que saber dónde estaba.

 

Y si no estaba en casa...

 

pues no había nada que hacer.

 

No existía el celular.

Mucho menos WhatsApp.

 

Si alguien decía:

 

—Te llamo después.

 

Uno confiaba.

 

Y punto.

 

Después llegaron los teléfonos de disco.

 

Aquello requería paciencia, coordinación y, en algunos casos, una buena dosis de resignación.

 

Había números que uno odiaba marcar porque tenían demasiados nueves.

 

Después apareció el Walkman.

 

¡El Walkman!

 

Aquello fue una revolución.

 

De repente podíamos llevar nuestra música en el bolsillo.

 

Bueno...

 

en el bolsillo llevábamos el aparato.

 

Y en otro bolsillo, varios casetes.

 

Porque escuchar una canción implicaba cargar con media discoteca.

 

Y cuando la cinta se enredaba...

 

aparecía el bolígrafo.

 

Con él rebobinábamos el casete como si estuviéramos reparando una nave espacial.

 

Después llegaron los localizadores.

 

El famoso bíper.

 

Nos mandaban un número y uno tenía que salir corriendo a buscar un teléfono para devolver la llamada.

 

Hoy parece absurdo.

 

Pero en aquel tiempo recibir un mensaje en un bíper nos hacía sentir importantes.

 

Era como decir:

 

«Alguien me necesita».

 

Aunque muchas veces era:

 

—Compra leche.

 

Luego llegaron los celulares.

 

Los primeros parecían ladrillos.

 

Pesaban una barbaridad y costaban como si trajeran un apartamento incluido.

 

Pero no importaba.

 

Tener celular era estar entrando al futuro.

 

Y yo, como buen curioso, fui de los primeros de la familia en meterme en aquellas tecnologías nuevas.

 

Después llegó Internet.

 

Y ahí sí se acabó la tranquilidad.

 

La primera vez que uno escuchaba aquel ruido de la conexión telefónica parecía que la computadora estaba hablando con extraterrestres.

 

Y había que esperar.

 

Esperar para conectarse.

 

Esperar para cargar una página.

 

Esperar para descargar una fotografía.

 

Hoy nos desesperamos si un video tarda tres segundos.

 

Nosotros esperamos varios minutos para ver una imagen que parecía hecha con cuadritos.

 

Y sobrevivimos.

 

También conocimos los disquetes.

 

Un cuadradito que podía guardar información y que, visto desde hoy, tenía menos capacidad que una fotografía moderna.

 

Pero nosotros lo tratábamos con respeto.

 

Porque era tecnología.

 

Después vinieron los CD, los DVD, las cámaras digitales, las computadoras cada vez más pequeñas, los teléfonos inteligentes, las redes sociales...

 

Y ahora estamos conversando con una inteligencia artificial.

 

Nosotros.

 

Los mismos que alguna vez tuvimos que levantarnos para cambiar el canal.

 

Los mismos que rebobinábamos un casete con un bolígrafo.

 

Los mismos que recibíamos un bíper y salíamos a buscar un teléfono público.

 

Y aquí estamos.

 

Escribiendo, grabando, enviando fotografías, haciendo videollamadas y preguntándole a una máquina cosas que antes habríamos discutido durante horas con el vecino.

 

Nos tocó vivir una transformación que pocas generaciones han experimentado de una manera tan brutal.

 

Pasamos de lo analógico a lo digital.

 

De la carta al mensaje instantáneo.

 

Del teléfono de disco al reconocimiento facial.

 

Del Walkman a llevar miles de canciones en el bolsillo.

 

Y del bíper...

 

a que nos encuentren hasta cuando no queremos que nos encuentren.

 

La tecnología cambió nuestra manera de vivir.

 

Pero nosotros también cambiamos con ella.

 

Aprendimos.

 

Nos adaptamos.

 

Y cuando apareció algo nuevo, muchas veces fuimos los primeros en probarlo.

 

Aunque después termináramos llamando a alguien más joven para preguntarle:

 

—¿Y ahora cómo se hace esto?

 

Porque una cosa es ser pionero...

 

y otra muy distinta es saber dónde demonios se metió ese botón.

 

Pero hay algo que nadie nos puede quitar.

 

Nosotros no nacimos en la era digital.

 

Nos tocó verla nacer.

 

Y quizá por eso todavía sabemos apreciar algo que hoy parece extraño:

 

que hubo un tiempo en que la tecnología no estaba en todas partes.

 

Y, curiosamente...

 

éramos perfectamente felices sin ella.

  • Autor: Wii (Seudónimo) (Offline Offline)
  • Publicado: 29 de septiembre de 2026 a las 00:01
  • Categoría: Reflexión
  • Lecturas: 1


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