Cuando la música me encuentra
En el cielo estoy si escucho música,
bajo la luna o frente al sol;
en la ciudad, entre sus ruidos,
o allá en la montaña,
donde conversa el viento con la flor.
Porque la música no pregunta
dónde nacimos ni hacia dónde vamos;
se posa suavemente en los recuerdos
y despierta aquello que olvidamos.
Una guitarra puede traerme
la tarde azul de algún ayer;
un piano, la mirada de unos ojos,
un violín, aquello que no supe decir.
Y entonces vibro,
y entonces siento,
y entonces sueño otra vez;
porque hay canciones que no se escuchan:
se viven, se recuerdan, se aman también.
Que rimen las fuentes con las estrellas,
que el verso se vista de primavera,
que Bécquer le preste un suspiro a la noche
y Darío una rosa a la espera.
Que Neruda levante su copa
por aquello que aún nos hace temblar;
que Mistral abrace la aurora
y Borges camine, despacio,
por los laberintos del tiempo y la mar.
Y que Aguirre y Fierro,
con su corazón mexicano,
ponga una canción en la ventana
para que la escuche el hermano.
Porque vivir —qué hermoso misterio—
no es solamente llegar al final:
es mirar una tarde encendida,
es querer, es reír, es cantar,
es guardar una melodía en el alma
y volverla a escuchar.
Así quiero la vida:
con música en las venas,
con recuerdos que sepan a sol,
con amigos alrededor de la mesa
y una canción diciendo bajito:
“Todavía hay camino,
todavía hay sueños,
todavía hay amor.”
Y mientras exista una melodía
capaz de hacernos cerrar los ojos,
podremos decir, sin miedo y sin prisa:
la vida es un verso
que merece ser vivido
hasta la última rima.
-
Autor:
Javier O Ojeda (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 28 de septiembre de 2026 a las 23:59
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 2

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