La primera vez que llevé a cabo el intento - porque quedó sólo en eso, en un intento -, de escribir lo que hasta entonces eran mis memoria yo tenía tan sólo 17 años y fue en Barcelona donde había llegado tan sólo un mes antes; ahora y desde el 5 de septiembre de 2026, mi cumpleaños y 53 años después,he decidido de nuevo a volver empezar a escribir todo y más de lo que recuerdo…
Mis dos abuelos cercanos jamás pudieron hablarme, contarme, nada de sus tiempos de vida; lo hizo las circunstancias en que vivieron, en cómo murieron y en última instancia sus allegados y familiares.
Mi abuelo paterno - con el que menos tuve contacto, sólo recuerdo haberlo una vez en mi vida -, también se llamaba Manuel, como su padre y su abuelo, mi bisabuelo, y también su primer hijo, mi padre. Murió yo tenía cinco años y lo único que recuerdo y guardo en la memoria del único día en que estuve con él en su casa del pueblo de Moya - de nombre Araiga en lengua prehispánica - fue cuando me sentó y dejó solo en un pretil (muro) a cinco metros de altura del suelo y fue a buscar unas tijeras para cortarme el pelo; mi padre siempre me dijo y aseguró que no era peluquero pero que tenía maña para todo. D aquel acto de mi abuelo también recuerdo una fuerte discusión entre mi padre y mi abuelo por dejarme solo allí sentado.
Con los años supe que aquel abuelo fue capaz de mantener en su memoria y traspasarla a sus hijos para el futuro, ayer, unas frases, dos en concreto, y que viniendo de su padre y su abuelo (bisabuelo y tatarabuelo) decían, una: “ Dónde hay rey ha esclavitud”, y dos: “ La palabra de un canario vale más que la firma de un notario”, se refería, claro está, en la palabra de aquellos canarios de más de un siglo atrás.
Mi abuelo materno fue, en cuanto a su recuerdo físico, algo similar aunque más cercano: La última vez que recuerdo haberlo visto yo tenía siete años; lo recuerdo porque cada vez que en aquel tiempo iba a la escuela en la parte superior de la pizarra siempre había unos números que uno cambiaba diariamente, otros de vez en cuando y los últimos siempre eran los mismo: 1963, cuando yo tenía siete años.
Mi último recuerdo de él fue verme sentado en sus rodillas y verlo sacar de un bolsillo de su chaqueta un pañuelo anudado del cual sacó 5 boliches (canicas), tres de barro cocido que él mismo había hecho, y dos de cristal. murió de manera trágica cuando yo tenía 9 años y ya vivía en la ciudad. Su muerte fue por ahogamiento producto, seguro (nunca se investigó) de un infarto. Mi abuelo era encargado de una finca de platanera de un cacique adinerado que había hecho fortuna esclavizando a sus empleados, de la familia de los Dominguez (muchos años después llegué a conocer y tratar a uno de sus hijos, también multimillonario con muchas propiedades del mismo sector de su padre, con cientos de apartamentos turísticos en las isla de Lanzarote y Fuerteventura, con Centros Comerciales y muchos pisos de viviendas que los bancos expropiaban a gente pobre y que luega los Bancos vendían a esta gentuza). El padre de este explotador un día llegó a una de sus fincas y observó que las plataneras no habían sido regadas, vio que ni abuelo, que dormía en una cabaña en la misma finca (nunca vi a mi abuelo dormir en su casa con sus esposa ni con sus diez hijos), le ordenó levantarse sin tener en cuenta que superaba los cuarenta de fiebre, entró en una poceta llena de agua fría que le llegaba hasta la cintura, allí cayó y se ahogó. un hijo suyo, mi tío Rafael, ocupó de inmediato su puesto en la misma finca para el mismo cacique y sin apenas tiempo para el funeral, así eran aquellos tiempos.
Vivió toda su juventud y años después en aquella finca, en la misma choza de paredes de piedra volcánica y techo de amianto, nunca se casó ni tuvo hijo; murió de cáncer de pulmón provocado por el amianto. El hijo de aquel cacique y por su influencia económica llegó a ejercer la política y, claro, al servicio de un partido netamente colonial al servicio de la Madrastra y maldita España; hoy no sé si aún vive, sí sé que siempre fue un fiel servidor del colonialismo español, un colonialismo que prosigue hoy 624 años después de la llegada de Castilla a la entonces Tigzirin Tiknariyin, hoy Canarias. Esto fue 90 años antes de que aquellos mismos bárbaros llegaran a esta América aún hoy también colonial.
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Autor:
Nkonek Almanorri (
Offline) - Publicado: 28 de septiembre de 2026 a las 19:25
- Categoría: Sin clasificar
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