NO ESTAMOS SOLOS
La madrugada estaba tranquila hasta que una luz verde atravesó el cielo a una velocidad que ningún radar terrestre alcanzó a registrar.
La luz bajó en picada.
Después hizo una maniobra extraña.
Luego otra.
Y finalmente se escuchó un estruendo de mil demonios.
La nave salió de la carretera, atravesó unos arbustos y terminó estampándose contra una enorme valla publicitaria.
El oficial Ramírez llegó pocos minutos después.
La escena era bastante clara: una nave extraterrestre destrozada, humo saliendo del motor y un sujeto pequeño, de piel verdosa, sentado sobre el capó con una botella en la mano.
Detrás de él estaba la valla publicitaria.
NO ESTAMOS SOLOS
La próxima película de Steven Spielberg.
El extraterrestre levantó la botella, miró el anuncio y negó con la cabeza.
—Qué puta coincidencia...
El oficial se acercó.
—Buenas noches. ¿Se encuentra bien?
—Depende.
—¿De qué?
—De si esto es una multa o una invasión.
El oficial miró la nave.
—¿Esa cosa es suya?
—Sí.
—¿Usted la conducía?
—No.
—¿Entonces quién?
—Yo.
El oficial respiró profundamente.
—Vamos a empezar de nuevo. ¿Usted conducía esa nave?
—Sí.
—¿Tiene licencia?
El extraterrestre se quedó pensando.
—¿Para nave o para planeta?
—Para conducir.
—Entonces no.
El oficial sacó su libreta.
—¿Ha ingerido bebidas alcohólicas?
—Sí.
—¿Cuánto?
—No sé.
—¿Una botella?
—No.
—¿Dos?
—Tampoco.
—¿Entonces cuánto tomó?
El extraterrestre levantó la botella.
—Hasta que dejó de importarme cuánto había tomado.
El oficial lo miró fijamente.
—¿Sabe que conducir en estado de ebriedad es un delito?
—Ahora sí.
—¿Y antes?
—Antes me parecía una excelente idea.
El oficial anotó algo.
—¿A qué velocidad venía?
—No tengo idea.
—El radar registró una velocidad de mil doscientos kilómetros por hora.
El extraterrestre sonrió.
—¿Eso es mucho?
—¡Por supuesto que es mucho!
—Ah.
—¿Ah, qué?
—Que por eso se me hizo tan corto el viaje.
El oficial caminó alrededor de la nave.
—¿La nave tiene seguro?
—Tenía.
—¿Tenía?
—La compañía se declaró en quiebra cuando descubrió que yo era el único cliente.
El oficial suspiró.
—Bien. Otra pregunta. ¿Porta armas?
El extraterrestre miró hacia la nave.
—¿Qué considera usted un arma?
—Algo con lo que pueda matar a una persona.
—Entonces no porto ninguna.
El oficial levantó una ceja.
—¿Ninguna?
—Ninguna que mate personas.
—¿Y las que sí matan?
—Esas las llevo todas.
El oficial cerró los ojos durante unos segundos.
—¿Tiene algún arma encima?
—No.
—¿Está seguro?
—Completamente.
—¿Y eso qué es?
El oficial señaló un objeto metálico que el extraterrestre llevaba en el cinturón.
—¿Esto?
—Sí.
—Un desintegrador.
—¡Eso es un arma!
—No necesariamente.
—¿Cómo que no necesariamente?
—También sirve para abrir latas.
El oficial lo miró.
—¿Latas?
—Sí.
—¿Y por qué tiene seis?
—Me gustan las latas.
Ramírez guardó silencio un momento, procesando.
—Creo que además está borracho de verdad.
El extraterrestre levantó un dedo.
—No creo.
—¿Qué no cree?
—Que esté borracho.
—Usted acaba de decir que bebió.
—Sí.
—Y huele a alcohol.
—Eso es discriminación interplanetaria.
—¿Discriminación?
—Mi especie metaboliza el alcohol de una manera diferente.
—¿Cómo?
—Mal.
El oficial sacó el alcoholímetro.
—Sople aquí.
El extraterrestre obedeció.
El aparato emitió un pitido.
Luego otro.
Y finalmente mostró una cifra.
El oficial la miró.
—¿Qué marca? —preguntó el extraterrestre.
—El máximo.
—¿Y eso es bueno?
—No.
—Entonces el aparato está funcionando perfectamente.
El oficial guardó el alcoholímetro.
—Queda detenido.
—¿Por qué?
—Conducción temeraria, conducción bajo los efectos del alcohol, exceso de velocidad y posesión de armas.
El extraterrestre se levantó tambaleándose.
—¿Y por el accidente?
—También.
—Eso no fue un accidente.
El oficial frunció el ceño.
—¿No?
—No.
—¿Entonces qué fue?
El extraterrestre señaló la valla publicitaria.
—Una estrategia publicitaria.
El oficial miró el enorme anuncio.
NO ESTAMOS SOLOS
Se quedó callado.
El extraterrestre tomó otro trago.
—Además, dígame una cosa, oficial...
—¿Qué?
—¿Quién es ese Spielberg?
—Un director de cine.
El extraterrestre volvió a mirar la valla.
—Pues el cabrón sabía que veníamos.
Y dio otro trago.
-
Autor:
Wii (SeudĂłnimo) (
Offline) - Publicado: 28 de septiembre de 2026 a las 00:01
- CategorĂa: Humor
- Lecturas: 4
- Usuarios favoritos de este poema: Aqua Marina

Offline)
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. RegĂstrate aquĂ o si ya estás registrad@, logueate aquĂ.