En cada oportunidad que se presente estaré con ustedes
Mientras haya vida habrá poesía
Estaba doña Mona (Simona) sentada sobre una piedra (la piedra en el muro de su casa) mirando como antena todo el movimiento diario; a veces pienso cuando la veo (o sea diario) cuánto talento está desperdiciado; sus ojos graban cada detalle, la alta sensibilidad de sus oídos, su gran capacidad de expresar y convencer aún en su reducido léxico matizado por el acento propio de los pueblos bicicleteros que la versión suya es irrefutable, y no es que sea una mujer joven o bonita, de hecho es bastante común y corriente, al menos hasta que abre la boca y la posee ese espíritu de orador que hipnotiza. Mona ha sido protagonista de pleitos (también puede llegar a ser vulgar si se lo propone) pero de eso ha pasado mucho y recordarlo a éstas alturas causa más bien risa, una mujercita flaca y desgarbada contra otras dos o tres viejas mitoteras más robustas que ella bajaban los puños y retrocedían entre insultos ante su palabrería punzante, algo que se ve muy pocas veces, y mi imaginación desatada instalaba a doña Mona en un tribunal, como fiscal o como defensora, debidamente arreglada, vistiendo formalmente, con el léxico propio de su ramo exhibiendo con maestría y convicción las pruebas correspondientes para conseguir ya fuera una condena o absolución del acusado, la veía en una tribuna, al frente de movimientos sociales, insuflando de valor y optimismo a las huestes, un talento nato pero enterrado sin remedio con los años por su ignorancia, falta de recursos y mentalidad reducida en una colonia popular, como tantas otras, estigmatizada y sin apoyo gubernamental.
Está Mona como siempre ha estado, reducida a brillar solo en las escasas reuniones vecinales, pero eso sí, cuando se necesite conocer quién entró a robar a la casa de don Samuel, quién atropelló al perro de doña Bere, a dónde se mudaron los Montalvo, quiénes fueron a los quince años de Minerva o cuándo y dónde van a repartir despensas pregúntaselo a doña Mona, quien responderá sin chistar y con datos precisos (al menos eso creerás) como si tuviera dotes de detective u oráculo; eso sí, doña Mona es una persona honrada, capaz de meterse a los ministerios u otra oficina de gobierno para averiguar lo que desea en aras de un bien común, con una imaginación más desarrollada que la mía pero con la sagacidad y carisma que pudo colocarla en un respetable despacho, en un puesto público o quién sabe en cual escenario donde la gente al verla se burlará sin duda, pero quedarán engatusados apenas deje fluir su natural talento para la oratoria, no es la única, se ha visto, hombres y mujeres del montón (a nuestro juicio) destacan (con mucho esfuerzo siempre) en las artes, la política, la ciencia pues no solo tienen que lidiar con su situación personal sino con una sociedad prejuiciosa que los encasilla entre los "feos", "mediocres", "jodidos" o "estúpidos" impidiéndoles desarrollar esa capacidad que como granito de arena hace tanta falta para que una sociedad prospere; doña Mona es de esas mujeres que (quién sabe) está donde está por algún designio desconocido, con ese don oculto para un momento preciso en la historia de la colonia, en su piedra desde donde divisa más allá de lo evidente, de día o de noche, como un vigía en ésta época de computadoras y cámaras que pretenden substituir la capacidad y el raciocinio humano, sin tomar en cuenta que es precisamente esa capacidad y ese raciocinio lo que las ha creado.
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Autor:
Lourdes Aguilar (
Online) - Publicado: 25 de septiembre de 2026 a las 14:27
- Comentario del autor sobre el poema: Un breve relato de lo que pudo ser y no es
- Categoría: Fábula
- Lecturas: 1

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