Podemos cometer actos terribles
incluso en nombre de ideas nobles.
La historia está llena de hombres
que levantaron la mirada hacia el cielo
mientras sus manos se manchaban de sangre,
convencidos de que el sacrificio de otros
era un precio necesario para alcanzar aquello que llamaban justicia.
Qué extraña es la naturaleza humana:
somos capaces de construir altares a la bondad
y, al mismo tiempo, esconder un cuchillo detrás de la espalda.
A veces creemos tener la razón con tanta fuerza
que dejamos de escuchar el dolor que provocamos.
Y entonces la virtud se convierte en excusa,
la justicia en venganza,
la fe en fanatismo,
la libertad en imposición
y el amor en una cadena.
Porque no siempre el monstruo
se presenta con colmillos.
A veces lleva una bandera,
pronuncia palabras hermosas,
habla de esperanza
y promete un mundo mejor.
A veces incluso cree sinceramente que está haciendo el bien.
Ese es quizá uno de los abismos más peligrosos:
cuando dejamos de preguntarnos
si nuestras acciones son correctas
porque estamos demasiado convencidos
de que nuestra causa lo es.
¿Qué importa destruir una vida si creemos estar salvando miles?
¿Qué importa sembrar miedo si decimos hacerlo por la paz?
¿Qué importa convertirnos en aquello que odiamos
si repetimos que lo hacemos por un propósito superior?
El corazón humano puede fabricar justificaciones
con la misma facilidad con la que fabrica sueños.
Por eso temo más al humano
que está absolutamente seguro de su bondad
que a aquel que reconoce la oscuridad que habita en su interior.
Porque quien conoce sus sombras puede vigilarlas.
Pero quien cree no tenerlas puede abrirles la puerta
y llamarlas virtud.
Tal vez la verdadera nobleza
no consista en creer que tenemos la razón,
sino en detenernos frente al dolor
y preguntarnos,
¿En qué momento aquello que querías salvar
terminó convirtiéndose en aquello que te estaba destruyendo?
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Autor:
Crizs Matt (
Online) - Publicado: 24 de septiembre de 2026 a las 12:43
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

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