Ocurre a ras de suelo,
allí donde la luz de la mañana
no inventa milagros, sino oficios.
Me basta la saliva compartida,
el mantel con sus migas ordinarias,
esta madera tibia donde el cuerpo descansa
sin pedirle permiso a la epopeya.
Es un asunto frágil.
A veces dura el parpadeo de una estrella limpia,
otras se alarga y pesa
como el invierno sobre las colinas.
Pero qué más nos da la exacta cifra,
si el tiempo es este roce que nos quema
o este olvido que empieza.
Desatar el nudo no es romperlo,
es dejar que los dedos reconozcan
el aire libre de las manos.
Nadie regresa al fuego
si no ha probado antes el invierno;
por eso es necesario andar caminos,
perderse un poco,
deshacer la casa.
Vino como un desorden de la sombra,
rozando los tejados, casi mito.
Pero al tocar la piedra de los días
se descolgó del cielo, se hizo carne,
perdió su antigua condición de estatua
y se marchó de pronto, silencioso,
dejando solo un hueco entre las cosas,
un rastro de ceniza que aún respira
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Autor:
Jose Barrientos (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 24 de septiembre de 2026 a las 11:07
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

Offline)
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