La sombra del recuerdo

José Luis Barrientos León

 

Bajo el pálido sol que ya declina

sobre las lomas mudas y marchitas,

arrastra el caminante su fatiga.

Los harapos que visten su abandono

se agitan con el soplo de la tarde,

mientras la niebla densa va ocultando

los restos de su planta quebrantada.

Su mano, semejante a rama seca,

tiembla en el aire frío, suspendida;

no busca el pan, sino el sagrado asilo

de una mirada que devuelva el alma

a su gastada y triste arquitectura:

recíbeme en la noche como soy.

 

La tarde cae, y en el pecho enfermo,

como en ruinas de un templo abandonado,

brilla un destello de la antigua gloria.

Pues todo hombre guarda en su secreto

el solio de un imperio ya perdido,

un cetro de dolor con que gobierna

la estéril soberanía de su llanto.

Desde esa majestad desmoronada,

el golpe sordo de su orgullo herido

resuena entre los árboles desnudos,

dictando su postrera y fiel demanda:

inclínate ante el rey de las desdichas.

 

Pesa en el hombro la gastada alforja,

muda testigo de los años graves,

donde se esconde el polvo del camino

y el fardo gris de tantas ilusiones

que el tiempo transformó en eterno tedio.

Si has de tocar mi piel marchita y fría,

si buscas el calor en este pecho,

mide primero el peso del invierno

que arrastro en mis espaldas solitarias,

y en el silencio de este ocaso largo,

ámame en la penumbra que me queda.

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  • Autor: Jose Barrientos (Seudónimo) (Offline Offline)
  • Publicado: 23 de septiembre de 2026 a las 14:38
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 1


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