Naciste jíbaro, la maleza era tu casa
Galopabas sin rumbo fijo
Guapo de facciones y de guapería
Eras reconocido en todas las sitierías
Te conocí en aquella playa que llamaban Ancón
Yo no sabía que tú me perseguías
En medio del mar se cruzaron
Tu mirada de miel junto con la mía
Y caí presa en tus garras Alcón
En el fuego de nuestras pasiones sucumbí
Mientras que el agua se complacía
Aquellas olas eran nuestras celestinas
No hubo palabras, solo tú y yo
Tus caricias y las mías
Cómo en sueños o torbellinos, escapé
Un año entero pasó, yo no te volví a ver
Muchas cosas pasaron en doce meses
Cristo llegó a mi vida, cambió mi mente
Volvió el verano y en la misma playa nos encontramos
¿Presagio del destino, complicidad de lo divino?
Nos miramos, nos sorprendimos, nos abrazamos
Dios del tiempo y del espacio juntaba nuestros destinos
Pero… ¿Qué pasó? Has cambiado
¿Por qué no eres la misma mujer,
que se entregaba antes con pasiones y locuras?
Una vez más tú y yo frente aquel cómplice mar
Tus ojos color miel mirando a los míos
Tu boca queriendo a la mía besar
De un nuevo nacimiento te hablaba
Cómo Nicodemo no entendías
Me buscabas, con intriga, tú me buscabas
Yo paciente te explicaba, yo te entendía
La semana de vacaciones terminaba
Una nueva despedida se imponía
Muchas conversaciones inacabadas
De nuestro destino, solo Dios sabría
Pasaron tres días de nuestra despedida
Fuiste a mi pueblo y me buscaste
Me mostraste tu interés, un noviazgo florecía
Fue difícil, lo sabemos, cosas nuevas para ti
Hermosas razones que cambiaron tu vida
Fue un romance de ensueño, bello e intenso
Viajabas pedaleando de San Carlos hasta Guayos
Me demostrabas tu amor en cada momento
Te movía la ilusión, luchabas a golpe de viento
Nos casamos enseguida como mi madre quería
Por lo civil y la iglesia, sin mucha algarabía
Hemos sido muy felices, con afanes, tristezas y alegrías
Procreamos dos tesoros, que dan sentido a nuestros días
Treinta y un año y muchos testigos de nuestra osadía
¡Cuántas batallas ganadas y perdidas!
Nuestro amor no ha menguado, se agiganta con fuerza
¡Cómo la zarza de Moisés que no se consumía!
Adoro cada momento, que compartes en mi vida
Tus manos son mi refugio, tú presencia, mi alegría
Agradezco al Dios eterno, por ponerte en mi camino
Agradezco al Dios del Cielo, por cuidar de nuestro nido.
Yamila Perez
Derechos Reservados
Noviembre 2023
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Autor:
Yamila Perez (
Online) - Publicado: 22 de septiembre de 2026 a las 09:07
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

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