MÍRAME, SÍ, MÍRAME

racsonando



MÍRAME, SÍ, MÍRAME

 

 

¡Mírame, sí, mírame!

En mis paredes sin cristos.

En mis cristales sin vírgenes.

En mis ventanas sin soles.

En mis puertas sin ojos.

En mis caminares sin flores.

En mis miradores sin ella.

 

¡Mírame, sí, mírame!

En mis calles las quejas

por donde vienen y van

las banderas viejas.

Mírame en mis calles rejas

donde los santos visten

de fustas antiguas renovadas quejas.

 

  (¿Con qué ojos mirarte,

si en la casa no hay luz,

si en la tierra no hay pan?)

¡Mírame, sí, mírame,

en este silencio de sal!

 

¡Mírame, sí, mírame!

En mis ríos las piedras

en que los peces huyen

hasta las doradas cestas

de los hombres vinagre,

para alimentar sus testas,

para saciar su sed

y su codiciosa hambre.

 

¡Mírame, sí, mírame!

Cuando mi voz no te llame,

cuando mi alma vague.

Cuando mis ojos —lágrimas—

te reclamen un «salve».

Cuando mi razón tiritando gotee,

mientras tus manos tiemblan

y el amor no arde,

y en tu cama es luto

el verde diamante.

 

¡Mírame, sí, mírame!

Cuando te grite amigo,

cuando te llame padre,

cuando te pida hermano

y te suplique madre.

 

Mírame, sí, mírame,

y arroja conmigo

este dolor de amigo,

mi dolor de hermano,

y el de padre y madre.

 

En mis tierras sin calle,

en mis calles sin casa,

en mi casa sin puertas,

sin paredes cristo,

sin cristales vírgenes,

sin mis ojos soles

y sin mis flores, ella.

 

¡Mírame, sí, mírame!

¡Cuando mi tierra vuelva…

y no me llame cobarde!

¡Cuando mi tierra vuelva...

cuando vuelva y labre!

Mírame..

Cuando vuelva y labre.

Mírame...

Cuando vuelva y labre.

 

Racsonando Ando / Oscar Arley  Noreña Ríos

 
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