Me monto en mi caballo y recorro la pradera; a estos caminos los ha olvidado el hombre. La naturaleza vuelve a recoger sus espacios. A lo lejos cantan un par de pájaros, de esos que, según la historia, delataron a Jesús. Este pueblo ha quedado abandonado; todos se han ido a la ciudad. Unos cuantos ancianos crían vacas y cocinan con leña; en las mañanas el ambiente huele a humo y a café. Aquí hasta la franquicia del tiempo ha fracasado: vemos salir y ocultarse el sol y nada más.
Los árboles colmados de naranjas, las flores silvestres, el burro que canta solitario en el llano, los perros que ladran a los espíritus por la noche... Esos cielos estrellados, azules tenues, como si una luz divina los texturizara. La noche es como una madre cálida, el silencio lo arrulla todo. Cuentan los viejos que por la noche un jinete recorre las veredas; yo a veces fumo tabaco en el patio esperando escucharlo, pero solo los búhos y los grillos amenizan el ambiente. Y al fondo, unas montañas oscuras. Este pueblo, a veces, creo que fue olvidado por el mundo.
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Autor:
Mil vaggio (
Online) - Publicado: 20 de septiembre de 2026 a las 21:14
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

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