Pronunciar tu nombre no puedo.
Mis labios los he sellado, cocidos con el hilo de seda más fino.
¿Acaso nombrarte está prohibido?
Veo que sí.
No puedo hablar de ti sin descubrir, con desdicha, que mis palabras esperanzadas son vilmente rechazadas por los oídos que las escuchan.
Me limitaré a pensarte, mas no a compartirte.
Tonta yo y tonto es mi corazón; anhelante y delirante.
Tonta es mi fe creyente de que el no mencionarte bastará para apaciguarme.
Entonces, si mencionarte no puedo y pensarte es un tormento, no me queda más que escribirte, esperando descubrir aquí un alivio al fin.
Tal vez, escribiendo sobre la persona que no puedo pronunciar, me abrace el consuelo que la pluma y el papel me puedan otorgar.
Y, si bien es improductivo, pensarte, yo digo, o expresarme cual mimo.
Mis palabras no profesadas, más bien musitadas, laminadas quedarán cual metal fundido.
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Autor:
Desguace (
Online) - Publicado: 20 de septiembre de 2026 a las 02:51
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 2
- Usuarios favoritos de este poema: Tommy Duque

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