Los Siete Despertares

WCELOGAN 🔛



LOS SIETE DESPERTARES

 

 

 

(o el mapa que se borra a sí mismo)

 

I

 

Primero, el ruido.

Gente corriendo detrás de días que no alcanza,

comprando lo que no necesita

para llenar un hueco

que todavía no sabe nombrar.

 

El mundo pone vitrinas.

Aprendemos a mirar

sin preguntar

quién escribió el precio.

 

Los dormidos.

No son peores.

Solo todavía

no han sentido con suficiente fuerza

la necesidad de despertar.

 

II

 

Después, una molestia.

Algo que no encaja.

Una pregunta que llega sin invitación

y se sienta en medio de la mesa.

 

Lo que era verdad

empieza a mostrar sus costuras.

 

Los que dudan.

Y la duda,

esa rendija por donde entra el aire,

es el primer lujo de los vivos.

 

III

 

Luego, la manía de preguntarlo todo.

 

¿Por qué creo esto?

¿Quién me lo enseñó mientras dormía?

¿A quién le sirve que yo lo crea?

 

Se levanta la alfombra.

Aparecen las amistades

hechas de respuestas compartidas,

los amores sostenidos

por el acuerdo de no mirar.

 

Los que cuestionan.

Duele.

 

Pero el suelo que se rompe

es el mismo

que nos tenía de pie.

 

IV

 

Y viene el hambre.

No de pan.

De causas.

 

Leer, comparar, dudar, volver.

La curiosidad deja de ser visita

y pone sus cosas en el armario.

 

Los que investigan.

 

Aunque conviene saberlo:

también el conocimiento

engorda.

 

V

 

Entonces, si hay suerte,

algo cede.

 

El árbol no le discute al río.

El río no desprecia al charco.

Cada uno crece

hacia donde puede.

 

Uno deja de querer arreglar el mundo

y empieza a aprender a leerlo.

 

Los que sueltan.

 

Ya no hay que ganar la conversación.

Hay que escucharla.

 

VI

 

Después, si madura,

se cae la necesidad de enseñar.

 

Nadie tiene que convencerse de nada.

 

La vida habla sola:

en cómo alguien reparte su silencio,

en cómo escucha,

en cómo da sin que se note,

como quien deja una moneda

donde sabe

que alguien va a pasar.

 

Los maestros.

 

No dan clases.

Dan presencia.

 

VII

 

Y al final,

un horizonte

que nadie explica del todo.

 

El ego deja de pedir la palabra.

El apego afloja la mano.

Ya no hace falta tener razón

para estar en paz.

 

Un hombre bajo un árbol.

Otro con las manos abiertas,

sin nada que perdonar

porque ya lo perdonó todo.

 

No importan sus nombres.

Solo que alguien,

en algún lugar,

haya llegado hasta ahí

y haya vuelto

sin quedarse a vivir arriba.

 

Los despiertos.

 

VIII

 

Pero el misterio verdadero es otro.

 

Tal vez no haya siete pisos.

Tal vez no haya escalera.

 

Tal vez uno sea dormido por la mañana,

dudoso al mediodía,

preguntón por la tarde

y sabio durante tres minutos,

antes de volver a perderse

en su propia cabeza.

 

Porque despertar

no es una casa.

Es una ventana que se abre.

 

Una pregunta

que por fin nos atrevemos a hacer.

 

Y quizá iluminarse

no sea llegar a ninguna parte.

 

Quizá sea, simplemente,

dejar de correr

detrás de uno mismo.

  • Autor: Wii (Seudónimo) (Offline Offline)
  • Publicado: 20 de septiembre de 2026 a las 00:02
  • Categoría: Reflexión
  • Lecturas: 2


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