Carta a mi amiga Soledadđź«€

Rafael Parra Barrios

 

 

Carta a mi amiga Soledad đź«€

​Querida y entrañable amiga Soledad:

​Recibe mi afecto en este instante en que compruebo que tu atmósfera sosegada y tu sonoro nombre encierran, en sí mismos, una promesa idílica que no deja de inspirar.

​Deseo que la serenidad colme tus días y tus noches, tus soles y tus lunas -que son también los míos-, al cobijo de esos nobles sueños que nos abrigan en espíritu, sostenidos siempre por la fe y la esperanza que alimentan la esencia de lo que somos.

​No sé por qué, pero hoy me asalta el presentimiento de que te has marchado lejos, ahuyentada tal vez por la compañía ajena. Siento entonces una callada ausencia que me advierte que ya no habitas el jardín de los diálogos secretos e íntimos; no obstante, preferiría mil veces estar equivocado, vivir contigo, y descubrir que aún aguardas en los rincones de mi casa.

​Por eso ruego a Dios por tu presencia y guardo la certeza de que no tardará el día en que la quietud nos devuelva el reencuentro: mirarnos y fusionarnos, compartir sin apuro unos genuinos sorbos de café, endulzar la tarde con unos chocolates y, ¿por qué no?, descorchar un vino cómplice que nos tiña las mejillas con la emoción de brindar por la vida.

​No te olvido, Soledad. Tu recuerdo permanece intacto en mí: diáfano, perenne e ingente ante el paso del tiempo, como la más fiel y solícita de las compañías

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