El tiempo es un celoso,
Se enseñorea de nuestro vaivén.
Padecemos júbilos y agonías,
somos la materia pura de la existencia,
pero la conciencia misma del tiempo nos convierte en mártires.
¡Envidioso!
No te mofes observando desde tu atalaya,
Reencarna y siente desde tus entrañas la añejez,
admira el alba y el ocaso,
sonrójate ante una caricia, besa la pasión y
enamórate de lo que es ser de carne y hueso.
Pobre infeliz,
La existencia no siempre es vivencia,
Porque sin un mártir, no tendrías sentido.
Victor Arana.

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