Aquí estoy,
sentado sobre la grama
que alguna vez fue escritorio,
confesionario y sala de espera.
Aquí escribí
con los dedos llenos de ansiedad,
esperé mirando el teléfono
como quien mira una puerta
esperando que alguien vuelva a abrirla.
Aquí también lloré.
Y entre una lágrima y otra,
sin saber todavía
que podía existir una forma de amor
que doliera tanto,
también amé.
La grama no recuerda nada.
O quizá lo recuerda todo
de esa manera secreta
en que la tierra guarda
lo que los hombres dejan caer sobre ella.
Hoy vuelvo
y mis pies descalzos se hunden en ella.
La siento fresca,
viva, indiferente.
Como si la naturaleza supiera algo
que yo todavía estoy aprendiendo:
que mientras uno intenta
detener una historia,
el mundo no se detiene.
Y estamos otra vez en septiembre.
Un mes que comienza con S,
igual que su nombre.
Hubo un tiempo
en que habría pensado que era una señal.
La S aparecía en todas partes:
en septiembre,
en una canción,
en una calle,
en una inicial escrita al azar,
en cualquier coincidencia
que pudiera convertir
en una razón para volver a pensar.
Era curioso cómo una sola letra
podía parecer un mapa.
Como si el mundo hubiera aprendido
una palabra que yo no podía dejar de leer.
Ahora septiembre simplemente llega.
El calendario cambia de página,
el verano comienza a desprenderse de los árboles
y la ciudad continúa respirando
sin saber absolutamente nada
de lo que una vez significó esa S.
Ya no intento descifrar
cada coincidencia.
No porque haya dejado de recordar,
sino porque estoy aprendiendo
a no pedirle respuestas al azar.
A veces septiembre
es solamente septiembre.
Y la vida,
simplemente la vida,
haciendo lo que siempre ha sabido hacer:
moverse.
Pongo las mismas canciones.
Hace unos meses
eran pequeñas cuchillas.
Cada verso encontraba un lugar distinto
donde todavía dolía
y parecía empeñado en tocarlo.
Ahora las escucho.
Algunas todavía pesan.
Otras pasan de largo.
Y hay alguna que incluso consigo escuchar
sin mirar hacia atrás.
No sé si eso significa algo.
Por ahora,
prefiero no ponerle nombre.
Son solamente melodías
flotando alrededor de mi cuerpo
mientras mis pies sienten la tierra
y la tarde ocurre sin pedirme explicaciones.
Qué extraño es este proceso.
La canción sigue siendo la misma,
pero algo dentro de mí
la escucha de otra manera.
No todo ha desaparecido.
Todavía existen lugares
donde un recuerdo sabe encontrarme.
Todavía hay ciertas notas
que abren una ventana
hacia un tiempo que no terminó
de irse del todo.
Y el silencio todavía tiene días
en los que pesa más.
Solo que ya no todos los días
pesan igual.
Quizá eso sea lo que está cambiando.
No la ausencia.
La manera de llevarla.
Hay días en que recuerdo
y simplemente recuerdo.
Otros en que el recuerdo
se queda un poco más.
Y otros en que, sin darme cuenta,
pasa una tarde entera
sin que aparezca.
No necesito decidir
si eso es sanar.
No necesito declararme bien
para demostrar que estoy avanzando.
Estoy aprendiendo.
A veces despacio.
A veces hacia atrás.
A veces sin saber siquiera
hacia dónde.
Pero aprendiendo.
Aquí sigo,
con los pies hundidos en la tierra,
las mismas canciones alrededor
y septiembre comenzando otra vez.
La S todavía aparece.
Y sí, algunas veces
todavía me recuerda un nombre.
Pero otras veces
es solamente una letra.
Quizá algún día
deje de importarme la diferencia.
Por ahora me basta
con no convertirla en una señal.
Dejar que septiembre sea septiembre.
Dejar que las canciones sean canciones.
Dejar que el recuerdo exista
sin tener que perseguirlo
ni expulsarlo.
Y dejar que la vida siga su curso,
no porque ya sepa dónde termina,
sino porque, por primera vez,
estoy aprendiendo a caminar
sin necesitar saberlo.
-
Autor:
Mr. W (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 18 de septiembre de 2026 a las 16:26
- Comentario del autor sobre el poema: Este poema nace de un lugar muy mío. De volver al mismo sitio donde alguna vez esperé, escribí, lloré y amé, y descubrir que sigo sintiendo cosas que todavía no sé dónde acomodar. No quiero decir que ya lo superé, porque no sería verdad. Todavía hay canciones, fechas y pequeñas coincidencias que me llevan hacia ese recuerdo. La diferencia es que ya no intento convertirlas en señales ni obligarme a estar bien. Estoy aprendiendo a vivir con lo que siento, a aceptar que algunos días pesan más que otros y que eso también forma parte de sanar. Quizá por eso septiembre se siente distinto este año: no porque haya dejado de recordar, sino porque poco a poco estoy aprendiendo a dejar que la vida sea simplemente la vida, mientras yo descubro cómo seguir siendo yo dentro de ella.
- Categoría: Reflexión
- Lecturas: 0

Online)
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.