EL ÚLTIMO RECORRIDO
Llegaron los años
viajando por mi pellejo,
uno detrás de otro,
sin pagar boleto.
Se acomodaron en mis arrugas,
me cambiaron la mirada,
me dejaron las rodillas
con menos ganas de subir escaleras
y más historias que contar.
Yo sigo conduciendo.
Este cuerpo es un autobús
que alguna vez llevó muchachos,
amores,
amigos,
borracheras,
sueños de llegar lejos.
Ahora quedan pocos pasajeros.
Los hijos tomaron otra ruta,
la vida los llamó
con sus propias urgencias.
No los culpo.
También yo me fui alguna vez,
dejando a alguien esperando.
Pero llega un día
en que la familia calcula:
una cama,
una silla,
un anciano.
Y después,
los asilos,
con sus paredes limpias
y sus soledades bien acomodadas.
Allí uno descubre
que todavía tiene nombre,
pero ya casi nadie lo pronuncia.
Mientras tanto,
en el asiento trasero
viaja una señora.
No habla.
No pregunta cuánto falta.
Solo mira por la ventana
mientras el paisaje
se va quedando atrás.
Sé quién es.
Ha viajado conmigo desde el principio,
pero ahora se ha sentado más cerca.
A veces la miro por el espejo
y ella aparta los ojos.
Tal vez todavía no sea la hora.
Entonces acelero un poco,
no para huirle,
sino para demostrarme
que este viejo autobús
todavía sabe andar.
Mientras haya camino,
que suban pasajeros:
una risa,
una mano amiga,
un poema escrito de madrugada,
el recuerdo de un beso,
la voz de alguien diciendo mi nombre.
Y si algún día
el autobús se detiene,
que quede alguien en la última parada
preguntando:
—¿Y el viejo conductor?
—Se fue.
Pero llevaba todavía
el corazón encendido.
-
Autor:
Wii (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 18 de septiembre de 2026 a las 12:16
- Categoría: Reflexión
- Lecturas: 2

Offline)
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.