A todos los que me han escrito les reitero que estoy bien y que el sismo de ayer de 6.1 º tuvo su epicentro bastante lejos de la Capital, solo hubo algunos daños estructurales, no muertos ni heridos. Muchas gracias.
Imagen creada con IA
La justicia, que a veces llega tarde y otras veces llega confundida, la llevó a juicio. Un abogado de apellido Morales aceptó defenderla. Era un hombre pequeño, con bigote gris y una habilidad extraordinaria para hacer parecer inocente a cualquiera que tuviera dinero suficiente para pagarle. Consiguió un perito. El perito habló de una alteración mental transitoria. Dijo palabras complicadas. Habló de impulsos, de obnubilación, de pérdida momentánea de la conciencia racional.
El juez escuchó los alegatos y ella regresó a prisión a esperar el fallo. Los periódicos olvidaron. Y meses después Eulalia salió libre. Clara había desaparecido. Nadie sabía dónde estaba. Eulalia volvió al apartamento. Pero la casa ya no era la misma. Las paredes parecían haber envejecido. El reloj de la sala se detenía todas las noches a la misma hora. Y algunas madrugadas, cuando Eulalia cerraba los ojos, escuchaba el ruido de una puerta abriéndose.
Al principio creyó que era el viento. Una madrugada tocaron. Tres golpes secos. Eulalia se incorporó en la cama. Miró el reloj. Eran las tres y diecisiete. Volvieron a tocar. Ella abrió.
Tomás estaba parado frente a ella. Pálido. Con la misma camisa que llevaba la noche de su muerte.
- ¿Por qué lo hiciste?
Eulalia no pudo hablar.
Tomás la miró.
- ¿Por qué?
Ella cerró la puerta. A la mañana siguiente encontró barro en el pasillo. Pensó que alguien había estado ahi y lo que había visto era sueño. Lo limpió. La noche siguiente volvieron los golpes. Tres, otra vez tres. Abrió y Tomás estaba allí.
- ¿Por qué lo hiciste?
Eulalia comenzó a llorar.
- Porque me engañaste.
Tomás bajó la cabeza.
- Es que yo, yo…yo te amaba -dijo temblando-
Aquella frase fue peor que el cuchillo. Durante las semanas siguientes apareció todas las noches. A veces preguntaba lo mismo. A veces permanecía callado. Otras veces entraba sin pedir permiso y se sentaba en la sala. Eulalia empezó a dejarle una silla preparada. Luego puso dos platos sobre la mesa.
Los vecinos comenzaron a escuchar conversaciones a través de las paredes.
- No puedes seguir viniendo -decía Eulalia-
- Tú me mataste.
- Ya lo sé.
- Entonces déjame ir.
- ¿Adónde?
Y Tomás nunca contestaba.
Pasó el tiempo. Un día Eulalia comenzó a cocinar. Preparó arroz, pollo y ensalada. Puso tres cubiertos, como si presintiera otra visita, por eso cuando Clara apareció en la puerta, Eulalia creyó que estaba soñando. Su hermana parecía más joven. Mucho más joven.
- ¿Por qué tres? -preguntó Clara-
- Uno para ti.
- ¿Y los otros?
Eulalia miró hacia la sala. Tomás estaba sentado allí. El tercer cubierto era para…
- Yo también tengo que comer -dijo esquivando la pregunta-
Luego de ese día, Clara desapareció. A la mañana siguiente Eulalia encontró una pluma blanca sobre la mesa. Después otra. Luego una tercera.
Durante meses la casa comenzó a llenarse de plumas. Al escucharla hablar sobre eso, muchos dijeron que era una alucinación. Algunos vecinos aseguraron que eran señales y consultaron a un cura. El sacerdote dijo que había que rezar. Eulalia dejó de escuchar a todos.
Una tarde salió a la calle con una expresión ausente y caminó hasta el mercado. Compró una gallina. La llevó abrazada contra el pecho.
Un hombre le preguntó:
- ¿Y para qué quiere eso? Al ver cómo la apretaba.
Eulalia respondió:
- Para que Tomás no tenga hambre.
La gallina murió tres días después. Eulalia la enterró en el patio. Pero al día siguiente apareció otra. Y después otra. Como si el pueblo donde había nacido hubiera decidido mudarse lentamente a su apartamento. Con el tiempo dejó de dormir. Pasaba las noches sentada frente a la puerta. Esperaba los tres golpes. Cuando no llegaban, los imaginaba. Cuando llegaban, sonreía.
- Ya sé por qué vienes -decía-
Una madrugada, después de varias noches sin dormir, Eulalia abrió la puerta antes de que tocaran. Tomás estaba allí. Esta vez llevaba una maleta.
- Me voy -dijo-
Eulalia sintió miedo.
- ¿Adónde?
- Donde van los muertos cuando dejan de ser necesarios.
- ¿Y yo?
Tomás sonrió.
- Tú todavía me cargas.
Eulalia miró hacia abajo. Entonces comprendió. Había pasado todos aquellos meses cargándolo. No sobre los hombros. No en los brazos. Lo llevaba dentro. Lo llevaba en los ojos. En las noches. En la culpa. En la memoria. En cada plato que ponía sobre la mesa. En cada cuchillo que agarraba y le traía el recuerdo del cuello de Tomás botando chisguetes rojos.
Tomás se alejó por el pasillo. Eulalia corrió detrás de él.
- ¡Tomás!
Él no se volvió.
- ¡Tomás!
La puerta del cuarto se cerró. Eulalia quedó sola. Al amanecer, los vecinos al no verla salir, entraron. La encontraron sentada en el suelo, abrazada a una silla vacía. Ya no hablaba. Miraba fijamente hacia la puerta. El médico del barrio recomendó internarla. La llevaron a un nosocomio días después.
Desde entonces permanece en una habitación blanca, sentada junto a una ventana. Los médicos dicen que está semi catatónica. No responde cuando le hablan. No reconoce a nadie. Pero todas las madrugadas, exactamente a las tres y diecisiete, se incorpora lentamente. Mira hacia la puerta. Y sonríe. Entonces levanta una mano como si alguien estuviera entrando.
Los enfermeros dicen que, algunas veces, parece conversar con una persona invisible. Y aseguran que siempre termina diciendo lo mismo:
- Perdóname, Tomás.
Después hace una pausa. Escucha algo que nadie más puede escuchar.
Y agrega:
- Pero ya no puedo seguir cargándote.
Lo extraño es que, desde que Eulalia fue internada, en el apartamento donde vivía comenzaron a escucharse tres golpes en la puerta todas las madrugadas. Los vecinos dejaron de acercarse. Excepto una anciana del quinto piso, que asegura haber visto una noche a un hombre joven salir del edificio con una maleta. Dice que caminaba rápido. Como quien acaba de ser liberado de una condena. Y dice también que, detrás de él, iba una mujer hermosa. Muy hermosa. Clara. Pero nadie sabe si aquello ocurrió realmente. Porque en esta ciudad, como en todos los lugares donde los muertos tienen asuntos pendientes, hay cosas que es mejor no preguntar.
Sobre todo, cuando comienzan a tocar tres veces.
JUSTO ALDÚ © derechos reservados 2026
Nota: Instalen un timbre en sus puertas. 😂👌
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Autor:
JUSTO ALDÚ (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 18 de septiembre de 2026 a las 00:12
- Comentario del autor sobre el poema: Espero que les haya gustado el relato. Lo clasifico para mayores de 18 años, pues tiene algunos pasajes con tintes sexuales, no en ésta parte, en la primera.
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 31
- Usuarios favoritos de este poema: alicia perez hernandez, Antonio Pais, Lualpri, ÁNGEL MENDUIÑA IRIBARREN, Classman, Alexandra I, Hernán J. Moreyra, syglesias - El Poeta de la Nostalgia, Llaneza, Mirta C. Sly, Daniel Omar Cignacco, Freddy Kalvo, JuanDumBaS, Emilia🦋, Sheilo Sanz, Javier Julián Enríquez
- En colecciones: RELATOS.

Offline)
Comentarios6
Uy que miedo! mejor ni preguntar... yo tambien escucho que tocan tres veces la puerta pero salgo y no hay nadie y en algunas ocasiones creo que soñé. Interesante tu relato poeta y amigo JUSTO ALDÚ
😂😂Muchas gracias Alicia, son mitos y creencias de nuestros pueblos. En Mx no le temen a eso, se celebra el día de muertos y las catrinas salen pos a lucir sus mejores galas. Muy guapas esas calacas eh. Hay pueblos que les llevan comida a las tumbas y la familia se reunen.
Acá, este Tomás era un manipulador que le sacó plata a la pobre Eulalia y murió degollado como una gallina., pero Eulalia tuvo su castigo,. Cargar un muerto.
Un abrazo
Justo, poeta: espectacular el cuento de Eulalia me gustó y que real para una reflexión gracias amigo abrazo fraterno
A ti amigo Antonio, mañana espero otros envíos para continuar si ya te organizaste con la parte que saltaste.
Saludos
Justo después te escribo por correo gracias 🙏 abrazos
Justo...
Ojalá que Eulalia logre la paz y ya no escuche los golpes dados.
Un abrazo.
Quién sabe. Quizá su paz sea su castigo por el crimen cometido. Tener que cargar un muerto, tener que cargar a Tomás.
Muchas gracias Luis por tu amable visita y comentario.
Saludos
Gracias por el recomendable al final del relato...jajajaja, sobre todo para las que se llamen Eulalias.
Muchas gracias por tu excelente narrativa que es de principio a fin muy emotiva.
Un abrazo fraterno mi estimado JUSTO ALDÚ.
Si, pobres Eulalias, aunque no todas son rellenitas. Pienso que la desgracia llegó inesperadamente a su vida al encontrarse con un ser manipulador y es precisamente una de las moralejas que trae consigo el relato, no solo en parejas, sino en todo contexto. Todo lo que brilla no es oro, muchos amigos no lo son y simplemente tratan de sacar un provecho de las personas nobles, otra podría ser que ningún crimen queda impune, te salvas de la justicia terrenal, pero no de la divina. Cosechas lo que siembras, etc.
Gracias a ti por tu lectura tan atenta y comentario.
Ha sido toda una experiencia leer este relato en dos partes, intriga, suspense, pasión en incluso terror y una historia de novela negra totalmente fascinante..
Muchas gracias amigo Justo por compartir
Muchísimas gracias Juan. Aquí estoy tomando café como siempre.
Cuídate
Muy buena tu historia mi estimado poeta, y no se está muy lejos de la realidad, porque cuando dañas a otro, terminas en alguna vida siguiente cargandoló, como karma.
Existe en la consciencia propia, siempre una tendencia buena, de enmendar errores, que uno reconoce haber cometido.
Lo que el mundo no entiende, es que un daño, te enlaza más al sufrimiento voluntario con ese otro ser, que perjudicaste. Siempre habrá un punto de inflexión que cambia el juego.
Mientras más limpio tengamos nuestro espacio de problemas o situaciones confusas, más felices seremos.
Muy grato leerle.
Que tenga bonita noche 🌹🙋♀️
Exactamente, lo dijistes en tus palabras. Mira, yo partí del viejo mito latinoamericano de "Cargar un muerto" no es el simple hecho de asumir las responsabilidades, sino lo que dicen en los pueblos, la vieja creencia de algunos interioranos que te dicen que cuando te pasan repetidas cosas malas es como una maldición. Estás cargando un muerto, los "brujos" suelen hacer esos trabajos (no creo en eso, pero es lo que he escuchado), luego utilicé el realismo mágico para fundir la realidad con la parte mágica. Hablar con muertos lo pongo como algo común.
Ahora, la trama siempre tiene una parte no buena ni mala sino inocente, no conocedora o que ve todo eso como algo perfectamente común y normal. El personaje de Eulalia es la típica muchacha ignorada no por fea, sino por ser gordita vs su bella hermana y claro, no puede faltar el manipulador, el dandy, el que la engañó y le sacó dinero enamorándola para luego traicionarla con su bella hermana. Los celos, la traición juegan un papel importante como emociones humanas, las trabajé en Eulalia y finalmente la explosión temperamental. El homicidio. Luego viene la culpa y esta encierra precisamente el hecho de que Eulalia fue condenada a "cargar el muerto" que él no pudiera abandonar el mundo de los vivos hasta romper el lazo amoroso y redención de Eulalia. Todo con frases cortas, no explicando mucho y dejando al lector que interprete el resto, esa es la clave
Muchas gracias y saludos.
Así es mi estimado poeta, muy buena tu historia 🌹🙏
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