Llego de vez en cuando y de vez en cuando me voy.
La gata de mi vecina
¡Dios, cómo se parece a ella!
Despierta su alma felina
ni bien se asoma una estrella.
Y, cada una por su lado,
salen a romper la noche
con el mayor desenfado
y sin el menor reproche.
Cuando la gente despierta
y se marcha a su trabajo
regresa, ya casi muerta,
la gata por un atajo.
Su dueña, en cambio, ha llegado
dando tumbos por la calle,
con alguien que se ha adosado
prendidito por su talle.
Duermen hasta el mediodía
y despiertan enojadas,
va reinando la anarquía:
terminan a las patadas.
Cuando se acaba el revuelo
comienzan a acicalarse
la felina con su pelo,
la señora va a ducharse.
Además de las manías,
tienen rostros parecidos,
ausentes las simetrías,
nariz chata, ojos hundidos.
No hay nadie que no lo note
dice el común de la gente,
a no ser por el bigote…
(el de la doña, obviamente)
Cuando la tarde se ahuyenta
y al verlas tomar su ruta
por lo bajo alguien comenta
"a cual más loca y más p…"
Derechos reservados por Ruben Maldonado.
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Autor:
benchy43 (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 16 de septiembre de 2026 a las 09:15
- Comentario del autor sobre el poema: PUBLICADO EL 20/04/2016. Que tengan un bello día, muchas gracias.
- Categoría: Humor
- Lecturas: 2
- Usuarios favoritos de este poema: Daniel Omar Cignacco

Offline)
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