En el hondo silencio de mi mente,
dibujo tu silueta con el viento,
no preciso mirar tu rostro ausente
para encender la luz de mi tormento.
No habitas en Toboso, mi señora,
ni pisas la llanura de la Mancha,
eres la luz sutil que me enamora,
la dulce fantasía que me ensancha.
Tu piel es de la luna un leve espejo,
tus ojos, dos abismos soberanos,
y aunque sé que eres sombra en el espejo,
hacia tu altar extiendo yo mis manos.
Lucharé contra sombras y gigantes,
correré tras mis quimeras y anhelos,
pues los amores de tiempos distantes
no alcanzan la pureza de tus cielos.
Oh, mi dulce y soñada Dulcinea,
eterna emperatriz de mi locura,
deja que mi alma sin cesar te crea,
mi más hermosa y perfecta locura.
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Autor:
Juan Roldan (
Online) - Publicado: 16 de septiembre de 2026 a las 03:25
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

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