Soy alguien que no deja morir lo que le nace, un terco que renace cuando el dolor lo deshace. No busco el pan que se pasa, busco la llama que abraza, mi alma se derrama, clama y no se apaga en la plaza. Muerde el hambre la pulpa, pero el verso me adula; si la tripa se anula, la pluma pulula y calcula. Prefiero la mesa vacía y la poesía en la vena, que llenar el buche y llevar el alma llena de pena.
Escribir me sostiene, me viene, me tiene y me sana, detiene el veneno que el miedo mantiene mañana. Siento el viento, no miento, sustento el intento sin freno, pinto el grito de mi pecho para quitarle el veneno. Si falta el alimento y la suerte resta la puesta, mi mano responde, despierta, me viste de fiesta. Porque antes que el plato prefiero alimentar este instinto: el cuerpo pasa hambre un día, pero el alma muere si no pinto.
Sudo la tinta, no mido la cuenta, la vida me tienta, la rima me alimenta más que el festín que se tienta. Labro la frase, la combino, camino sin freno en el trazo, cada verso es un pedazo que le arranco al abrazo del tiempo. Vivo de lo que siento, me alimento del aliento y del intento: mi estómago estará vacío, pero mi espíritu duerme contento.
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Autor:
Zar (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 16 de septiembre de 2026 a las 01:22
- Categoría: Amor
- Lecturas: 0

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