SARACUNDIN
Si ya iniciaste el vuelo de la ausencia,
llévate todo.
No dejes nada que pueda recordarte
cuando emprendas el olvido.
Yo me quedaré aquí,
en el refugio de la nada,
habitando el eco que dejó tu sombra
donde antes florecía tu mirada.
En la soledad también se es feliz:
aprenderé a disfrutar de los pájaros en su vuelo,
a alcanzar el lejano horizonte sin miedo
y escuchar en la madrugada el ladrido de un perro.
Cuando alguien te pregunte por mí,
dile que dejé de existir,
que solo fui un caminante del ayer…
pero cuyas huellas te queman la piel.
En la puerta de la esperanza viviré
por si decides volver.
Con tres toques dirás: «Aquí estoy, mi saracundin,
he vuelto para amarnos hasta el fin».

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