Dormida el alma cansada, dormida de tanto exigirla, cansada de las pasiones y esperanzas perdidas.
Dormida la vida, cansada y herida de las noches en vela, de los sueños inconexos, rotos, que la mente confunde y olvida.
Dormida la música, cansada de acordes y notas repetidas, de canciones imposibles y nunca compartidas.
Despierta el tiempo, los recuerdos se ensalzan y aquellos momentos, esos, que la mente guarda, ahora son nostalgia y siempre te acompañan.
Despierta el amor, amor por las cosas sencillas, las que conmueven, las que no hieren ni dañan.
Despierta el corazón, los sentimientos profundos, ocultos, escondidos tras un muro de cargo de conciencia que insiste, insiste...
Despierta el inconsciente y advierte; no pienses más; lo hecho hecho está... de nada sirve.
¡Despierta, despierta!

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