EL NIÑO QUE INVENTÓ UNA PALABRA

Rosa Maria Reeder

En la escuela de las letras,
de pupitres y pizarras,
cada voz tenía un sitio,
cada sueño, sus palabras.

Tomás llevaba en los labios
un secreto singular:
una palabra escondida
que no sabía nombrar.

Una mañana, la maestra,
con su libro entre las manos,
preguntó a todos los niños:

—¿Qué hace grandes a los humanos?

«El saber», dijo Jacinto.
«La riqueza», dijo Andrés.
«Ser famoso», dijo Clara.
Tomás callaba otra vez.

La maestra, sonriendo,
lo invitó a participar:

—¿Y tú, Tomás, qué palabra
nos quisieras enseñar?

El pequeño se puso en pie,
con un leve resplandor:

—Yo conozco una palabra
que inventó mi corazón.

—¿Y cuál es? —preguntó el aula.

Tomás dijo, sin temor:

—Corazonar: dar la mano
cuando hace falta valor.

Es mirar al que está solo
sin dejarlo en un rincón;
es saber que el otro siente
lo que siente el corazón.

Hubo risas y murmullos,
mas Tomás no se arredró.

En la última fila, Elena
la cabeza levantó.

Era una niña muy callada;
nadie la solía invitar.
Cuando llegaba el recreo,
se quedaba sin jugar.

Tomás tomó su cuaderno,
se acercó con sencillez:

—¿Quieres dibujar conmigo?
Tengo espacio, ¿lo ves?

Elena aceptó en silencio,
y después comenzó a reír.
Aquel día, por primera vez,
tuvo con quién compartir.

Al volver a sus pupitres,
la maestra preguntó:

—¿Qué palabra hemos aprendido?

Y la clase respondió:

—¡Corazonar es abrir
un lugar en nuestro interior!

Desde entonces, en la escuela,
cada niño comprendió
que hay palabras que se escriben
y otras que se hacen acción.

Tomás guardó su cuaderno
con humilde satisfacción:

—La palabra más hermosa
es la que se vuelve corazón.

(Poema infantil)

 

Rosa María Reeder

Derechos Reservados 

  • Autor: Rosa Maria Reeder (Offline Offline)
  • Publicado: 14 de septiembre de 2026 a las 23:12
  • Categoría: Infantil
  • Lecturas: 1


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