EL HIJO PRÓDIGO
Se fue una mañana con niebla en los cerros,
llevando en el puño un reloj de abuelo.
Dejó tras la puerta el arado sin dueño,
creyendo que el mundo premiaba los sueños.
Ay, hijo pródigo,
cuando uno tiene de todo
cree que nunca ha de perder,
hasta que un día lo pierde
y ahí recién empieza a aprender.
Ay, hijo pródigo,
la vida te hizo volver,
porque hay caminos que enseñan
lo que la casa te hizo comprender.
Vendió su reloj de plata en tragos y risas,
y cuando no hubo monedas, se fueron de prisa.
Comió maíz podrido que dejaban los cerdos,
durmiendo en el establo de un patrón sin nombre.
Ay, hijo pródigo,
cuando uno tiene de todo
cree que nunca ha de perder,
hasta que un día lo pierde
y ahí recién empieza a aprender.
Ay, hijo pródigo,
la vida te hizo volver,
porque hay caminos que enseñan
lo que la casa te hizo comprender.
Volvió con los pies deshechos y el orgullo roto,
pensando: «Padre mío, mira en lo que quedo».
Pero el padre, que esperaba desde el cerco,
corrió a su encuentro sin guardar el tiempo,
y en lugar de un reproche, lo envolvió en su pecho.
Hay errores que se pagan,
hay lecciones que duelen,
pero el amor verdadero
no abandona cuando llueve.
Quien se marcha por orgullo
puede regresar vencido,
y encontrar abierta la puerta
del lugar que había perdido.
Ay, hijo pródigo,
ya no preguntes por qué:
a veces hay que perderlo
para saber lo que fue.
Ay, hijo pródigo,
regresaste al hogar,
y el padre no contó tus faltas,
solo te volvió a abrazar.
Que nadie juzgue al que vuelve
sin conocer su camino;
a veces vuelve más sabio
quien alguna vez se ha perdido.
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Autor:
Wii (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 13 de septiembre de 2026 a las 14:23
- Categoría: Reflexión
- Lecturas: 1

Offline)
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