Soy Licenciado en Lengua y Literatura, en aras de futuro y amistad.
Presentado por Poemas del Alma
EL HOMBRE Y EL AGUA
¡Ay de la fuente pura y maltratada,
que al hombre dio la vida en su regazo!
Hoy huye de su mano desgarrada,
rompiendo el dulce lazo,
que al tiempo se convierte en latigazo.
Yo la quería más que a mi existencia,
más que al oro del mundo y su tesoro,
mas destruí su curso y su inocencia;
su clara ausencia lloro
mientras me entierro en este polvo moro.
Un sueño de frescura me envolvía,
soñaba con el río de mi infancia,
mas al abrir los ojos vi la vía
del sol y la distancia,
quemando el necio cuerpo con jactancia.
Delante de mis ojos angustiados
el agua se formaba como un velo,
con ojos de cristal ya marchitados,
mirando hacia mi suelo,
tan fría como nieve o como el hielo.
—¿Qué haces aquí, corriente cristalina,
por qué te esfumas de mi mano abierta?
—Tu propio orgullo fue mi medicina,
dejaste mi alma muerta,
y hoy la sequía llama a tu compuerta.
—Tú me ensuciaste, ciego e inhumano,
con el veneno gris de tus industrias,
desperdiciaste el curso del verano;
por tus acciones sucias,
mis venas lloran muertas en penurias.
—Perdona mi desprecio y mi locura,
imploro de rodillas tu clemencia,
¿cómo vivir sin ti mi agricultura?
Mi alma en la indigencia
se quiebra al constatar tu santa ausencia.
—La sangre de la tierra eres y viva,
el alma de los campos y las flores;
sin tu corriente libre y fugitiva
invaden los dolores,
infiernos de sequía y sinsabores.
—Yo te adoraba, fuente del olvido,
permite que proteja mi ancho huerto,
que el bosque que con penas he nutrido
se encuentra casi muerto,
sin ti todo mi mundo es un desierto.
—¡Concédeme un momento, mi señora,
para salvar la tierra que agoniza!
—La culpa del humano no decora,
el viento se agudiza,
tu tiempo de abundancia se desliza.
¡Ay de la fuente pura y maltratada,
que al hombre dio la vida en su regazo!
Hoy huye de su mano desgarrada,
rompiendo el dulce lazo,
que al tiempo se convierte en latigazo.
Corrió el hombre buscando su ribera,
la tierra abría grietas de agonía,
pidiendo que la lluvia apareciera,
mas el calor crecía,
porque el veneno humano la extinguía.
Llegó a la acequia de su tierra amada:
—¡Regresa, limpia el polvo de mi suelo!
—No tengo gotas, mi caudal es nada,
vuelo directo al cielo,
tu propio destrucción rompió mi anhelo.
Quiso cavar la arena con la mano,
buscando el hondo pulso de la veta,
el hilo de la vida fue lejano,
la muerte ya secreta
lo llevaba hasta la playa más escueta.
Miró el agua su llanto y desespero,
y le mostró el espejo del pasado:
los ríos que mató por el dinero,
petróleo derramado,
el manantial supremo profanado.
Los cielos reveló con muchos gases;
el humo del progreso sin medida,
y del calentamiento, crueles fases,
mostró su fútil muerte y tierna vida,
la atmósfera encendida.
Miró los bosques que taló sin freno,
raíces secas que llamaban lluvia,
el aire que volvió puro veneno,
la gran tormenta turbia
que ya no cae en la llanura rubia.
Los ríos en botellas miró presos,
el agua convertida en la riqueza
de pocos que compraron las procesos,
mientras que la pobreza
directo bebe el fango en su tristeza.
Vio hermanos contra hermanos en la acera,
alzando las espadas con porfía,
matándose por la última frontera
donde una gota ardía,
la guerra por el agua que moría.
Vio el mar tragando el plástico maldito,
islas de escombro donde el pez moría,
el llanto del océano en un grito,
la red que destruía
la vida que en sus ondas florecía.
Marchar miró los pueblos al exilio,
dejando atrás sus casas agrietadas,
sin que ninguna mano les dé auxilio
a vidas condenadas,
por tierras de la sed abandonadas.
Se retorció en la arena de vergüenza,
sintiendo así un fatal remordimiento,
al ver que su codicia tan inmensa
sembró su propio fin y su lamento,
quedando sin aliento.
Sintió el agua subir por las rodillas,
su vida convertida en un vacío.
—El tiempo ya llegó y en tus orillas,
la culpa es desvarío,
causando hasta la ausencia de agua al río.
Escucha, humanidad, el triste canto,
el llanto de la tierra es un aviso:
si al agua la transformas en quebranto,
perdiendo el paraíso,
el mundo será un suelo gris y omiso.
Samuel Dixon
-
Autor:
Samuel Dixon (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 13 de septiembre de 2026 a las 12:04
- Comentario del autor sobre el poema: Pedir perdón a la naturaleza cuando las consecuencias ya están sobre nosotros no es un acto de redención, sino la amarga constatación de nuestra propia ceguera. La verdadera tragedia de la condición humana radica en su tendencia a sacralizar la abundancia solo cuando se transforma en ruina, confundiendo la dominación del entorno con un progreso que termina por devorarlo todo. Al final, la codicia y la vanidad con la que se construye el mundo moderno revelan su auténtica pequeñez frente a las leyes de la vida: cuando se rompe el equilibrio con aquello que nos sostiene, no hay riqueza ni súplica que pueda detener el desierto que nosotros mismos nos labramos.
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 31
- Usuarios favoritos de este poema: Tommy Duque, Salvador Santoyo Sánchez, Mauro Enrique Lopez Z., Javier Julián Enríquez, Henry Alejandro Morales, WandaAngel, JUSTO ALDÚ, Lucía Díaz, Sheilo Sanz, Lourdes Aguilar, Éusoj Nidlaj, El desalmado, Carlos Baldelomar, Mª Pilar Luna Calvo, alicia perez hernandez, 🇳🇮Samuel Dixon🇳🇮, Pedro Novoa Pavon Novoa
- En colecciones: Transparencia.

Offline)
Comentarios5
Amigo Dixon, es un elocuente poema, es muy revelador.
Felicidades, con respeto y admiración, es de lo mejor que te he leído.
Recibe un saludo sincero, estimado poeta amigo Samuel Dixon 👍🏼
Muchas gracias, estimado amigo Samuel, por este bello poema. En él se puede apreciar cómo contempla el agua como sangre primera de la tierra, como memoria viva de todo nacimiento y de toda promesa. Por ello, cuando la fuente “pura y maltratada” se aleja del hombre, no huye por crueldad, sino porque ha sido herida en su inocencia esencial. De este modo, el vínculo que antes fue regazo, frescura y alimento se vuelve latigazo: la naturaleza devuelve al ser humano la imagen de aquello que él mismo ha quebrado. En consecuencia, el diálogo entre el hombre y el agua se convierte en juicio íntimo de la humanidad. Así, la sequía, el humo, el petróleo, el plástico y los ríos vendidos no son simples desgracias externas, sino signos de una misma ceguera: la codicia que llama progreso a su propia devastación. Asimismo, el agua habla como una conciencia antigua y muestra que toda profanación de la tierra es también una pérdida del alma. Por tanto, la culpa que recorre el poema no pertenece solo a un hombre, sino a una civilización que olvidó custodiar aquello que la sostenía. En ese sentido, el agua, elevada a voz ética y casi sagrada, recuerda que vivir no es poseer la tierra, sino responder ante ella. Más aún, el poema afirma una verdad radical: quien hiere el agua hiere la raíz misma de su existencia. Finalmente, cuando esa verdad se traiciona, el paraíso no desaparece de golpe; se retira lentamente, gota a gota, y deja al mundo no solo en una intemperie de sed y silencio, sino también ante el vacío moral de haber destruido aquello que debía venerar.
Recibe un cordial saludo y fuerte abrazo con mi más afectuoso aprecio
Este es, sin duda, un texto que no solo hay que leer: hay que digerirlo. El hombre y el agua, convierte la crisis ambiental en un diálogo entre el ser humano y aquello que, paradójicamente, destruye mientras necesita para sobrevivir. El agua adquiere voz, memoria y dignidad, y termina convirtiéndose en juez silencioso de nuestra propia irresponsabilidad y tiene además una virtud importante: no se queda en la denuncia de la sequía, sino que amplía el espejo hasta mostrarnos la contaminación, la deforestación, el plástico, la explotación de los recursos, las guerras por el agua y el desplazamiento de pueblos. El verdadero protagonista termina siendo el hombre enfrentado a las consecuencias de su propia codicia. Es una especie de elegía diría.
Un poema extenso, comprometido y de evidente vocación reflexiva.
El agua aquí no es paisaje: es vida, memoria y, finalmente, conciencia.
Mis saludos Samuel...
Te felicita, está precioso
Un hermoso texto de denuncia sobre la explotación ciega de la naturaleza por parte del ser humano. Un camino sin salida cuyas consecuencias sin duda pagaremos. Gracias por compartirlo.
Un fuerte abrazo.
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.