Cuando La Vida Vuelva a Llamarte

Luis Barreda Morán

Cuando la vida vuelva a llamarte

Camina, aunque la tarde venga llena
de voces que no saben dónde van,
aunque el mundo golpee sus campanas
y el ruido quiera entrar hasta tus huesos.

Hay una música más honda
que solamente escucha quien se detiene:
es el rumor secreto de la sangre,
la respiración azul de las montañas,
el pequeño latido de la tierra
debajo de nuestros pasos.

No necesitas vencer a nadie.

La vida no es una carrera
ni el corazón una bandera
que deba levantarse sobre otras banderas.
Cada hombre lleva consigo
una noche distinta
y también una lámpara.

Por eso no midas tu camino
con las huellas de los otros.
Hay árboles que florecen en enero
y otros que esperan pacientemente
la lluvia de septiembre.
Ninguno le debe explicaciones
a la primavera.

Habla cuando tengas algo verdadero
que dejar encendido en el aire.
Y cuando otro hable, escucha.
Tal vez detrás de una voz cansada
haya una historia que no conoces,
una herida que aprendió a caminar
sin pedir permiso,
un sueño que todavía
no se atreve a decir su nombre.

Cuida tu corazón de la soberbia
y también de la amargura.
Ambas son piedras
que terminan pesando demasiado.

Desconfía de quienes hacen del grito
una forma de tener razón,
de quienes necesitan apagar otras luces
para sentirse iluminados.
Hay palabras que levantan muros
y otras que, pronunciadas a tiempo,
abren una ventana.

Trabaja por aquello que amas,
aunque nadie lo celebre.
Hay conquistas silenciosas
que jamás aparecen en los periódicos:
levantarse después de una derrota,
cumplir una promesa,
volver a empezar,
perdonar sin olvidar la lección,
seguir sembrando
cuando todavía no se ve el fruto.

Y no tengas vergüenza de tus sueños.

Protégelos de la burla,
pero también de tu propio miedo.
Un sueño pequeño puede contener
la semilla de una vida entera.

No fabriques amor con palabras prestadas.
Ama cuando puedas amar,
pero ama de verdad.
Que tus manos no prometan
lo que tu corazón no está dispuesto a sostener.

Porque el amor, a pesar de sus naufragios,
regresa de lugares imposibles.
A veces llega como una mujer
que pronuncia tu nombre lentamente;
otras, como la mano de un amigo,
como un hijo que vuelve a casa,
como una memoria que de pronto
deja de doler.

El tiempo irá cambiando tu rostro.
No le declares la guerra.

Deja que los años escriban
sus pequeñas líneas sobre tu frente.
Cada una tendrá algo que contarte:
un viaje, una pérdida,
una mañana de lluvia,
un beso, una despedida,
la voz de alguien que ya no está.

No somos dueños del tiempo.
Somos apenas sus viajeros.

Cuando lleguen días difíciles,
recuerda que ninguna tormenta
permanece eternamente sobre el mismo techo.
Habrá noches largas, sí,
pero también habrá ventanas
por donde volverá a entrar el amanecer.

No conviertas tus temores
en profecías.

Muchas veces la tristeza
es solamente cansancio
vestido de pensamiento.
Duerme. Respira.
Deja que mañana
tenga la oportunidad de contradecir
lo que hoy parece definitivo.

Y sé bondadoso contigo.

No te exijas ser de piedra
cuando naciste de materia vulnerable.
También los ríos se cansan,
también los árboles pierden hojas,
también el mar retrocede
antes de volver a tocar la arena.

No estás obligado a comprenderlo todo.

Hay preguntas que necesitan años
para encontrar una respuesta,
y otras que quizá nacieron
sin ninguna respuesta.

Acepta, entonces,
el misterio de estar vivo.

Mira las estrellas:
ninguna pregunta por su importancia
antes de arder en la noche.

Mira la tierra:
recibe la lluvia, el sol,
las semillas y las cenizas
sin preguntar quién las merece.

Tal vez vivir sea eso:

aprender lentamente
a habitar nuestra propia existencia,
a caminar entre la alegría y la pérdida,
a conservar una pequeña llama
cuando alrededor parece apagarse todo.

Y cuando el mundo vuelva a ser demasiado ruidoso,
cuando la injusticia te duela,
cuando el cansancio quiera convencerte
de que nada vale la pena,

quédate un momento en silencio.

Escucha.

Todavía respiras.

Todavía hay una mañana
que no conoces.

Todavía alguien puede necesitar tu abrazo.

Todavía una flor puede abrirse
en un lugar donde nadie la espera.

Todavía queda amor.

Y mientras quede amor,
mientras una conciencia pueda elegir la bondad,
mientras un ser humano pueda levantarse
y decirle sí a la vida después del fracaso,

este mundo herido,
este mundo contradictorio,
este mundo lleno de sombras,

seguirá siendo digno
de que caminemos sobre él
con los ojos abiertos,

con el corazón despierto,

y con la esperanza
de dejarlo un poco más luminoso
de como lo encontramos.

—Luis Barreda/LAB
Tujunga, California, EUA 
Noviembre, 2018.
Género: poesía lírica 
Forma: verso libre

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  • Autor: Luis Barreda Morán (Online Online)
  • Publicado: 12 de septiembre de 2026 a las 01:01
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 2


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