Otro mal día bajo el sol vivo

Voz


Otro mal día bajo el sol vivo

Tengo recuerdos pero yo elijo cuáles recordar y cuáles dejar sometidos a la sombra de mi espalda

para que no me azoten como a un monje que nada sabe de dolor, cuando la pena te empala por dentro.

El precio de mis palabras es siempre el mismo, dos peniques en los ojos de un muerto, y una para el barquero.

Ni creo en ese cuento, pero en el cadáver, en ese sí, ese soy yo mismo con el hedor de mis cobardes silencios.
Todo aquello que callé y no dije, y bravo como maremoto, dije que solo sería una puta vez.

Cada una de todas las veces que me fallé.

No tengo prisa para amontonar ceniza, aún distingo el sol ardiente en la punta de mi nariz.

Me rompe el alma y calienta los huesos de quien perdió las pastillas para ser de nuevo joven;
pero no el filo que separa al virtuoso de la carne y quita el tumor del injuriador.

Así que marchiten mis ojos, y tiren pétalos a mi sufrimiento, celebremos que de nuevo soy bello porque duele.
Soy bello por dentro, por fuera, soy de brea que atrapa insectos.

Y porque amar realmente siempre duele, hay que tener el coraje de levantarlo, y eso:
ya nos dice que el amor se soporta y debe soportarlo todo para que cuando caiga su andamiaje,
y si lo hace, sane dentro de nuestras recámaras en el pecho.

Esta es mi patología, este es mi germen y mi virus, la suciedad que escuece la llaga.

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