LA MISMA GRIETA
El huerto suspendió su latido
desde el invierno de tu ausencia.
Vendrán abriles de rastrojos nuevos,
pero ninguno con mi fuego antiguo.
Bebo el brindis de tu nacimiento.
El vino oscuro dicta el recuerdo
de cuando inauguramos el asombro,
hoy que la sombra ocupa tu lugar.
Con el naufragio a cuestas alzo la copa
para arrojar mi confesión al viento;
una marea sorda que olvido arrastra
porque tu costa se volvió desierto.
En la marea alta de tu vuelo,
otra embriaguez te desvelará.
Pero la huella de mi vino tinto
será la espina que devore el llanto.
Querrás entonces desandar la noche,
pero el puente quedó hecho ceniza.
La misma grieta nos cruzó la vida:
ya no hay regreso, perdimos los dos.

Online)
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.