Abril en Nicaragua
Hay un soplo de
fuego quemando los arbustos.
Los huesudos árboles
están carbonizados.
Algunos se resisten
a las lenguas flameantes:
los mangos,
las palmeras,
Los Laureles Sur
y Los Laureles Norte;
El Guanacaste,
por Las Banderas
y Las Canoas;
los almendros,
los genízaros.
El amarillo descansa
bajo el follaje del sauce verde,
como si Dios posara ahí
sus dedos.
Y todos tenemos sed:
sed de las costas,
sed de tocar
el horizonte rojo.
Los pájaros claman
por la lluvia.
Nosotros buscamos las sombras
en las esquinas de las casas
y bajo los ramajes del chilamate.
Nos quema el sol.
Arden los sueños.
En abril
todos tenemos sed.
Y nuestra lengua seca
espera la lluvia
para asomarse.
Entre el polvo suspirado,
el rugido de mototaxis,
el suelo resquebrajado;
en la voz exhausta
de los ambulantes,
en la víspera
de Semana Santa:
el olor al almíbar,
al pescado seco,
a las sardinas;
a Cristo cargando la cruz,
a pasión,
a muerte,
a resurrección.
El poeta Aldo exclama, frustrado:
«¡Abril debería ser primavera,
y es un calor de la gran puta!».
En abril
siempre tenemos sed.
Nos fundimos
en la llama
para darnos mutuamente
la lumbre,
mutuamente
el calor.
En abril
somos fuego.
Ricardo Castillo
De Semana Santa (2025)
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Autor:
Axioma (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 11 de septiembre de 2026 a las 18:49
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 2
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio_cuello

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