Entre McGill y Notre-Dame

Midnightfrases

Entre McGill y Notre-Dame

veo el mundo girar.

 

La ciudad sigue su curso

mientras yo la miro desde una ventana,

con un café entre las manos,

el único café que todavía

consigue hacerme sentir en casa.

 

Y pienso en la palabra

que llevo tantos años buscando:

 

pertenecer.

 

Me pregunto cuándo dejé de pertenecer

a mi propia patria,

cuándo un lugar que alguna vez fue mío

se convirtió en una fotografía,

en un idioma,

en una nostalgia que llevo conmigo

sin saber exactamente dónde dejarla.

 

Quizás ahí empezó todo.

 

Cuando perdí mi patria,

también perdí una parte de aquel niño

que todavía creía

que pertenecer era algo sencillo.

 

¿En qué momento crecí tanto?

¿En qué momento dejé de ser ese niño

que podía llamar hogar

a un lugar sin preguntarse

si ese lugar todavía lo quería?

 

Y después entendí

que uno puede perder una patria

sin dejar de vivir en el mundo.

 

Puede caminar sus calles,

hablar sus idiomas,

reconocer sus edificios,

y aun así sentirse extranjero

dentro de sí mismo.

 

Entonces llegó ella.

 

Y sin darme cuenta

convertí a una persona en patria.

 

En sus ojos encontré una frontera

que quería cruzar todos los días,

una casa donde por fin

no necesitaba explicar de dónde venía

para sentir que pertenecía.

 

Hasta que también la perdí.

 

Y quizá por eso dolió tanto.

 

Porque no estaba perdiendo solamente a alguien.

Estaba perdiendo otra vez

la sensación de tener un lugar.

 

Entre McGill y Notre-Dame

veo el mundo girar,

mientras a cientos de kilómetros

hay alguien que se muere por mí.

 

Alguien que me elige.

Alguien que está.

 

Y, sin embargo,

yo todavía me muero por ella.

 

Aunque han pasado meses

y el silencio es lo único

que quedó entre nosotros.

 

La música acaricia mis oídos.

El café se enfría.

La ciudad continúa.

 

Y yo sigo preguntándome

si alguna vez volveré a sentir

que pertenezco a algún lugar.

 

Pero quizás esa ha sido

la pregunta equivocada.

 

Quizás no tengo que encontrar

otra patria.

 

Ni otra persona

que se convierta en ella.

 

Quizás tengo que volver

al lugar que abandoné

cuando intenté encontrarme

en alguien más.

 

Volver a mí.

 

A ese niño que perdió una patria

y después creyó que había encontrado otra

en los brazos de alguien.

 

Quizás pertenecer

no sea tener un lugar al que regresar.

 

Quizás sea finalmente

dejar de huir de mí mismo.

 

Y poder sentarme aquí,

entre McGill y Notre-Dame,

mirar el mundo girar

y decir, sin necesitar a nadie:

 

esta vez,

estoy en casa.

  • Autor: Mr. W (Seudónimo) (Online Online)
  • Publicado: 11 de septiembre de 2026 a las 13:27
  • Categoría: Reflexión
  • Lecturas: 1


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