Cientos de kilómetros

Midnightfrases

Mientras mi mente te piensa,

mis manos se pierden entre voces y letras

con ella.

 

Ella está a cientos de kilómetros,

pero esta noche parece conocer exactamente

el camino hasta mi cama.

 

El chalet está oscuro.

El vino tinto deja una mancha profunda

en el cristal,

y la noche se pega a las ventanas

como si también quisiera escucharla.

 

Entonces aparece su nombre.

 

Y sonrío.

 

Porque ella sabe que estoy pensando en ti.

 

Lo sabe por mi voz,

por esos silencios demasiado largos,

por ese pequeño cambio en mi respiración

que ya aprendió a reconocer.

 

Y me pregunta:

 

“¿Sigues pensando en ella?”

 

Me quedo callado.

 

No porque no sepa la respuesta,

sino porque todavía me cuesta decirla.

 

Sí.

 

Pienso en ti.

 

En ese pasado que todavía me pesa,

en todo lo que imaginé,

en todo lo que prometí,

en la vida que alguna vez creí

que nos estaba esperando.

 

Ella permanece en silencio.

 

No intenta competir contigo.

No intenta arrancarte de mi memoria.

 

Solo vuelve a preguntarme,

más despacio:

 

“¿Todavía te pesa?”

 

Y por un momento

la nostalgia vuelve a sentarse a mi lado.

 

Pero ella no se va.

 

Al contrario.

 

Se queda.

 

Me habla despacio,

como si estuviera sentada junto a mí.

 

Me pregunta dónde estoy.

 

Le digo que en la cama.

 

Se ríe.

 

Y esa risa cambia la temperatura de la habitación.

 

Entonces empieza nuestro juego.

 

Ella sabe provocarme sin tocarme.

 

Una frase.

Una pausa.

Mi nombre dicho de cierta manera.

 

Yo cierro los ojos

y dejo que su voz haga el resto.

 

Ya conoce mi cuerpo,

y eso vuelve todo más peligroso.

 

No necesita descubrirme.

 

Ya conoce mis silencios,

mis reacciones,

la forma en que mi respiración cambia

cuando consigue acercarse demasiado

sin siquiera estar aquí.

 

Y nos buscamos así.

 

Desde dos camas distintas.

 

Ella en su habitación.

Yo en la mía.

 

Dos cuerpos intentando engañar a la distancia.

 

La pantalla ilumina mi rostro

mientras su respiración llena mis oídos.

 

Y entonces sucede algo extraño:

 

por un momento,

ella está aquí.

 

Puedo imaginar su cabello sobre mi almohada,

su rostro demasiado cerca del mío,

el calor de su cuerpo acercándose,

sus labios buscando los míos

con la seguridad de alguien

que ya sabe cómo encontrarme.

 

Pero justo cuando empiezo a perderme en ella,

 

apareces tú.

 

Tú y él.

 

Yo y ella.

 

Somos cuatro en la habitación.

 

Dos parejas.

Dos camas.

Dos historias.

 

Tú viviendo una intimidad

que alguna vez soñé que sería nuestra.

 

Y yo descubriendo otra

que nunca planeé encontrar.

 

Me duele.

 

Pero ella vuelve a decir mi nombre.

 

Y esta vez la escucho.

 

No quiero escapar hacia ti.

 

No esta noche.

 

Quiero quedarme aquí.

 

Con ella.

 

Con su deseo.

Con su voz.

Con esa manera suya de hacerme sentir

que mi cuerpo todavía pertenece al presente.

 

Y durante un instante,

el placer consigue algo

que mi voluntad no ha podido conseguir:

 

te olvido.

 

Solo por unos segundos.

 

No existe tu rostro.

No existe él.

No existe aquella promesa

que todavía encuentro escondida

entre nuestras conversaciones antiguas.

 

Solo ella.

 

Su voz quebrándose ligeramente.

Mi respiración respondiendo.

La oscuridad alrededor de nosotros.

 

Y después,

silencio.

 

Ese silencio íntimo

que aparece cuando dos personas

han llegado al mismo lugar

sin haber tenido que tocarse.

 

Ella se ríe suavemente.

 

Yo también.

 

Y entonces me dice:

 

“mañana.”

 

Una sola palabra.

 

Pero contiene toda la noche.

 

Porque mañana llega.

 

Mañana la distancia desaparece.

 

Mañana abriré la puerta

y ella estará ahí.

 

La mujer que esta noche existe

entre mi imaginación y su voz

tendrá finalmente un cuerpo frente al mío.

 

Ya no habrá pantalla.

Ya no habrá kilómetros.

Ya no tendré que cerrar los ojos

para imaginarla.

 

Podré mirarla.

 

Acercarme.

 

Sentir su calor.

 

Y quizá dejar que toda esta tensión acumulada

encuentre finalmente un lugar donde descansar.

 

Mañana ella no tendrá que preguntarme

si todavía pienso en ti.

 

Lo sabrá.

 

Y aun así habrá venido.

 

Eso es lo que hace diferente

esta noche.

 

No estoy siendo elegido por un recuerdo.

 

Estoy siendo esperado por alguien.

 

Mientras tanto, tú sigues viviendo

en alguna habitación de mi memoria.

 

Y no voy a mentirme:

 

todavía te extraño.

 

Todavía hay una parte de mí

que vuelve a buscarte

cuando todo queda en silencio.

 

Pero esta noche entendí algo.

 

El deseo no siempre nace

porque hemos dejado de amar.

 

A veces nace porque estamos cansados de sufrir.

 

A veces el cuerpo necesita recordar

lo que la cabeza ha olvidado:

 

que todavía podemos sentir,

que todavía podemos ser deseados,

que todavía podemos estremecernos

cuando alguien pronuncia nuestro nombre.

 

Y mientras mi corazón

todavía pronuncia el tuyo,

 

ella está al otro lado del teléfono

esperando mañana.

 

Y por primera vez en mucho tiempo,

yo también.

  • Autor: Mr. W (Seudónimo) (Online Online)
  • Publicado: 10 de septiembre de 2026 a las 12:46
  • Categoría: Erótico
  • Lecturas: 2


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