Bienaventurados los que saben escuchar,
los que frente al dolor no se apresuran a juzgar;
los que no exigen sonrisas para poder acompañar,
los que se quedan cerquita cuando todo empieza a pesar.
Bienaventurados los que saben sostener,
los que cuidan sin poseer,
los que protegen sin imponer,
los que dan espacio y también saben volver.
Bienaventurados los que saben validar,
los que dicen «te creo» cuando cuesta hablar;
los que no minimizan lo que duele al pasar,
los que toman en serio el cansancio de luchar.
Bienaventurados los que saben preguntar,
los que dicen «¿cómo puedo ayudarte?» y saben esperar;
los que no buscan respuestas para todo explicar,
los que ofrecen compañía cuando no queda qué decir ni qué callar.
Bienaventurados los que saben reparar,
los que reconocen sus errores y se atreven a cambiar;
los que ponen límites sin dejar de cuidar,
los que entienden que amar también es respetar.
Bienaventurados los que saben
que no basta solo con rezar;
los que también ponen sus manos
y se disponen a actuar.
Los que oran por la vida,
pero saben acompañar,
y buscan ayuda cuando alguien
ya no puede más.
Bienaventurados los que no prometen salvar,
pero buscan otras manos cuando ya no pueden sostener más;
los que entienden que acompañar
también es pedir ayuda y juntos continuar.
Bienaventurados los que hacen comunidad,
los que defienden la vida, la justicia y la dignidad;
los que saben que no basta con hablar de voluntad,
cuando hacen falta derechos, cuidados y verdadera igualdad.
Bienaventurados quienes luchan para que cuidar
no sea un privilegio difícil de alcanzar;
por salud mental accesible, por techo, alimento y hogar,
por políticas que protejan la vida y permitan respirar.
Bienaventurados los que ofrecen su mano,
los que mandan un mensaje y preguntan mañana;
los que acercan una silla, un café, una mirada,
y hacen menos larga la noche de un alma cansada.
Porque quizá nunca sepan lo que llegaron a cambiar,
ni cuántas veces su presencia ayudó a esperar;
quizá fueron solamente una voz al otro lado,
pero bastó saber que alguien se había quedado.
Bienaventurados los que cuidan la vida,
los que acompañan la herida,
los que hacen del mundo una casa compartida,
los que nos recuerdan, con ternura y sin prisa,
que aun después de la noche
puede volver la luz encendida.
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Autor:
M. (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 10 de septiembre de 2026 a las 11:11
- Comentario del autor sobre el poema: Sobre quienes sostienen, acompañan y cuidan la vida; porque nadie debería atravesar el dolor en soledad 💛
- Categoría: Reflexión
- Lecturas: 1

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