HISTORIA ( 11 )

Sheilo Sanz

HISTORIA    ( 11 )
UNA BAILARINA EN TUNEZ.


Esta historia ocurrio por el 1.540 D.C.  En territorio de Tunez,  o en sus cercanias.   Es una zona de planicie,  y sin montañas cercanas,  solo se divisaban pequeñas colinas en el entorno.  Es una ciudad pequeña,  aunque con mucha vida propia, en medio de un suelo arenoso y con poca vegetación frondosa.
Mi padre era un mercader de verduras, granos y especias, en un puesto urbano.  Era un hombre delgado y quemado por el sol,  muy  humilde y no muy sobresaliente en la ciudad,  viviamos hacia una zona poco afluente de la vida social,  eramos varios hermanos,  y no era fácil para mi padre,  la crianza de todos.

Yo aprendí a bailar las danzas tradicionales de ese tiempo,  con una tía materna,  que había sido buena bailarina,  y esto le había permitido tener una mejor vida.

A mis 15 años mi padre me vendió a un sultán,  un señor importante en la sociedad de la ciudad,  y con cierto rango familiar y social.
Un hombre de unos 38 años,  que me compra para  convertirme en una bailarina más de su harem.
La ciudad pertenece a un reino Emirato,  bastante organizado socialmente.  El sultán tenía poder economico y su pasión era adquirir propiedades importantes.
Pero para mí era un hombre muy atractivo y majestuoso con su turbante siempre elegante,  donde llevaba una piedra verde, azul o a veces roja,  dependiendo de la ocasión.
Piedras que él comercializaba con otros comerciantes distinguidos.  Estás piedras eran adornos representativos y distinguidos,  en el medio social de esa época.

Yo, era una joven delgada y esbelta,  con mucha agilidad al moverme cuando bailaba,  me siento bastante atractiva.
Me gustaba vivir en este palacio,   que tenia un área grande.  Era una construcción muy sólida y blanqueada,  y me parecía imponente.  Había un salón amplio al aire libre,  como  una especie de terraza muy comoda con cojines y alfombras,  y espacio libre para bailar,  donde el sultán le gustaba relajarse y disfrutar.
Allí tambien,  le gustaba al sultán llevar sus reuniones y pasar mucho tiempo,  entre nuestros bailes y la  música,  reproducida por sus músicos permanentes.

Yo siento que soy bastante especial para él,  disfrutaba mucho de mi baile y yo de su compañía.
Eramos tres bailarinas,  pero sentía que era la mejor.  Siempre él buscaba más tiempo para compartirlo conmigo, momentos donde yo bailaba sola,  y solo para él.   Y eso me hacia sentir privilegiada.
En su vida social y en negocios,  eramos incluidas para darle atractivo a sus reuniones.
Eramos  tres bailarinas que se deslizaban  con movimientos ritmicos,  mientras se  seguia  la música que tocaban dos músicos presentes.  Se bailaba en armonía y obediencia.  Todo era orden y atención hacia lo que deseaba el señor sultán.

Yo me sentía muy enamorada del sultán,  y era su bailarina más joven.  Me extasiaba percibir que me miraba de manera intensa,  aún en presencia de mucha gente.  Era una comunicación silenciosa de admiración y seducción,  que me hacia sentir mucho acercamiento y confianza emocional hacia él,  era amor genuino que brotaba desde mi alma.  Solo deseaba pertenecer 
siempre a su corazón.

Hubo un suceso de negocios importante.  El sultán negociaba unas  propiedades valiosas con otra familia importante.  Mientras tomaban bebidas y comida,  nosotras las bailarinas,  nos manteníamos al margen desde cierta distancia,  esperando cualquier ademán de su mano,  para salir a bailar.   Siempre  estamos alejadas de toda reunión,  siempre esperamos en nuestro lugar de espera,  y listas para bailar,  cuando él...  así lo indicaba.

En esta negociación uno de los negociantes me queria comprar,  y ofreció un precio al sultán por mí,   él ponía como ventajoso,  que él podía  bajar el costo de la venta si yo entraba como parte del trato negociable.
Yo sabía lo que allí se discutía,  y mi corazón temblaba de miedo y dolor.  Pero no podía protestar ni demostrar que no deseaba aquella situación,  el sultán tenía la única decisión.

Y yo oraba en silencio,  porque él me protegiera y no me vendiera.
Era una triste realidad,  pero en esa cultura era una ley impuesta a la mujer,  y aún en muchas de esas  culturas de hoy... sigue sucediendo.

Yo seguí con mi presentación de baile,  cada vez que el Sultán lo solicitaba,  pero mi tensión crecía,  cuando veía al otro negociante,  mirarme con codicia y burlona sonrisa.  Eso me producía un rechazo tremendo,  lo detestaba y no podía demostrarlo,  tenía que bajar mi mirada,  y mostrarme humilde. Y rogar por la piedad del  sultán. 
El tiempo pasaba mientras otras doncellas bien cubiertas con sus velos y trajes,  atendían con la comida y bebidas.  Las mujeres allí,  eramos la mayoría jovenes.  Pero habían algunas mujeres de edad más adulta,  que eran encargadas de mantener el orden.  Había una mujer de unos 35 años,  quien era la primer mujer del harem,  todas la respetaban  y aunque vivía siempre enojada, no se le contradecía,  ella pasaba su mayor tiempo con sus hijos,  quienes eran los mayores del haren.

Mi primer experiencia con ella,  fué traumatizante el día que llegue al palacio.  Cuando fuí asignada a una habitación que sería mi area de permanencia allí.   Y  me hallaba yo,   organizando mis pertenencias.  Ella  entró  a la habitación con el rostro muy serio,  mirando mi apariencia con mucho desprecio  y observación cuidadosa.  Mientras con arrogancia me dijo,  " yo soy la verdadera esposa"  y no creas que serás mejor que las demás,  tendrás que obedecer a todas y no atreverte a contradecir lo que se te dice.  ¡ Me que estupefacta !   pero mi silencio predomino,  baje la mirada en señal de respeto y ella salió de la habitación.  Desde entonces entendí,  que allí habia jerarquía y disputa por la presencia del amo.

Habían tres  mujeres más,  con hijos también,  pero con apariencia más calmada,  quizás más resignadas con su realidad.
Yo no tengo hijos por el momento,  ni las otras dos bailarinas tampoco.
Tener hijos significaba dedicarse a la vida maternal,  y ya no podías seguir bailando de la misma manera.  Y mientras más hijos tuvieras,  menos podías hacerlo.  Había que dedicarse por completo a la crianza de los mismos.

En aquel suceso penoso para mí,  pasaron varios días,  donde se concluían los tratos acordados,  y el sultán no parecía ceder a la proposición del negociante.  Pero yo esperaba con mucha tensión mi destino amenazante.
Después de unos días,  el sultán me comunico,  que debía ir con las otras bailarinas,  a bailar en el palacio residencial del comerciante.  Y que ese era el trato,  debía bailar muy bien para el negociante,  durante todo un día. 

Yo sentí un gran alivio en mi corazón y un inmenso agradecimiento hacía mi sultán,   me embargaba una emoción de felicidad y certeza de su afecto por mí.  Esto me dió confianza y decisión para cumplir con esa misión.

Llegó el día de tal misión,  una semana después de la fatídica situación acontecida.   Y  yo era un manojo de nervios silencioso,  pero  me proponía salir airosa de aquella situación.  Mi pensamiento era bailar en aquel lugar lo mejor que yo podía,  y me decía a mi misma,  ¡ Sí... lo puedo lograr !  Y aunque me sentía insegura,  no se lo demostré a nadie.
Esa noche sentía que no podía entregarme al sueño por completo,  por lo que dormí muy poco,   y mientras amanecía,  yo ya estaba despierta.  Fuí anunciada por una de las mujeres que harian el viaje con nosotras las bailarinas,  que ya debíamos emprender el camino.  Todo estaba muy silencioso a esa hora, nos acompañaron dos mujeres mayores y dos hombres sirvientes,  quienes se encargaban de dirigir los camellos y cargar el equipaje necesario del viaje.

Ya sentada en el lomo  del camello,  cubierto con cierta alfombra suave,  me acomode lo más que pude y me  aferre  a la joroba del animal,  donde yo iba de un lado,  y la otra bailarina del otro lado,  quedando con nuestros rostros de frente.  Y bien cubiertas por completo con telas suaves y frescas,  para protegernos del sol,  el polvo y la arena. Y aunque se cruzaban nuestras miradas a través de nuestros velos transparentes,  ninguna hablaba mucho,  solo lo necesario para pasarnos la bolsa de agua.  Un recipiente hecho de cuero de camello.
La otra bailarina que era la mayor,  viajó en la compañía de una de las mujeres a cargo,  mientras la otra mujer iba en el camello que cargaba el equipaje.

El viaje fue lento y de unas dos horas aproximadamente.  Me sentía muy nerviosa,  era una experiencia nueva para mí.  
Al llegar al lugar ya se nos esperaba,  había sirvientes que corrieron a atendernos.  Era un lugar campestre,  con poca vegetación,  y se sentía un calor muy fuerte.  Fuimos llevadas a un área, para refrescarnos con agua y ponernos presentables para la función.  El negociante nos esperaba,  con bebida y comida,  mientras sus músicos comenzaban a tocar rítmicas melodías,  con cuerdas y flautas.  Las mujeres que nos acompañaban fueron sentadas a cierta distancia del salón donde debíamos bailar.
Estuvimos bailando durante gran parte del día,  mientras el negociante y sus compañeros,  nos veían bailar,  y hacían comentarios que nos ruborizaba la piel,  mientras reían, comían, bebían,  nos miraban bailar,  con cierto morbo,  que parecía desnudarnos.

En un momento del día,  ya hacia la tarde,  el señor negociador exigió  verme bailar sola,  sin mis compañeras bailarinas.  Yo,  un poco perturbada y nerviosa dance enfrente de él,  lo mejor que pude,  aunque fue intimidante su observación directa sobre mí.
Era tan incomoda su evaluadora  mirada sobre mi cuerpo, que solo sentía la necesidad de salir corriendo de allí...  ¡ Así ! que cerraba mis ojos y seguía la música,  tratando de ignorar tan molesta presencia,  en mi razonamiento limitado.
Pero yo me sentía valiente y solo deseaba que terminara el día,  para correr a mi palacio,  a mi lugar celestial,  que sentía que era mi hogar.  Y así sucedió,  termino el día,  y aunque me sentía agotada,  sentía una fuerza interna que me urgía a  regresar pronto a mi realidad conocida.

El viaje de regreso también se sintió interminable,  pero ahora yo sonreía,  ya no me sentía tensa,  comenzaba a sentir un sosiego y una felicidad muy personal.  Mi corazón latía por verlo,  ¡ Como deseaba entregarle mi vida !

Al llegar al palacio,  lo busque con la mirada,  pero no lo pude ver.   Me encontre entonces;  con la presencia de la primer esposa,  quién me miro con mucha amargura,  y me dijo...  ¡ Como deseo que te hubieras quedado allá !  No deseo tenerte aquí.  ¡ OOh !  No la quise oir,  baje mi mirada y seguí hacia mi objetivo.   

Corrí por el pasillo al final del salón de la entrada,  y encontre una de las mujeres del control del orden,  y me dijo.... ¡ El señor la espera en su habitación !   Corrí mucho más, tan llena de emoción,  hasta llegar a una  habitación muy amplia y comoda.  Él estaba tendido sobre una alfombra gruesa,  de color oscuro,  y cojines con detalles coloridos,  estaba casi  desnudo,  y me sonrió al verme,  me abalance  sobre él,  feliz de verlo y de poder sentirlo,  y él me recibió en sus brazos,  riendo y mostrando estar  feliz.  Era una noche muy especial,  sentía su presencia muy magica y  seductora.  Mi felicidad se sentía completa en ese momento,   sentir que yo era,  más importante en su vida,  de lo que era un negocio importante para él,  me llenaba de ilusión y regocijo.

Yo entendía que podía ser vendida o cambiada si así él lo deseaba.  Pero esa acción de él me hacia sentir deseada  y amada.  Quizás más,  que las demás mujeres  que allí convivían,   y por él competían.  Era una lucha silenciosa,  todas teníamos un sentir secreto por nuestro amo,  todas deseamos ese único lugar importante en su corazón,  y  yo lo estaba aprendiendo a sentir y conocer.  Pero también era capaz de entender que las demás también sufrían.  Y era inevitable impedir lo  que era una ley,  y costumbre para la vida de aquel lugar.  La fuerza y la decisión le pertenecían al hombre,  la mujer debía ser sumisa y obediente.  Y eso era algo recibido como educación y aceptación de la vida.

Y en ese momento solo deseaba absorber de la vida,  ese sentir inmenso que doblegaba mi corazón de profundo amor.  Un momento eterno,  convertido en un significante sentimiento interno,  y con un anhelo infinito de realidad inmortal.  La realidad de entender lo profundo e imperecedero que puede ser un sentimiento verdadero.  Un sentimiento que recuerdo aún hoy,  tan vivo y sentido como fué vivido en aquel momento. Un sentimiento guardado en mi alma,  sin tiempo y sin ninguna indiferente negación de su existencia,  en mi analitica memoria.

■   ■   ■   ■   ■   ■   ■   ■   ■   ■

Epílogo.  ( 11 )


En una ciudad de Túnez, de planicie arenosa, una joven de 15 años, hija de un humilde mercader, aprende a bailar las danzas,  propias de la cultura,  con su tía materna.
A esa edad,  su padre la vende a un sultán de 38 años, atractivo y poderoso, que comercia piedras preciosas,  en su palacio blanqueado.
Ella es una de tres bailarinas del harén, pero se siente especial por la atención del sultán, despertando su amor genuino en él.

Durante una negociación de propiedades, un comerciante ofrece comprarla.  Esta situación la llena de miedo,  mientras ella ora en silencio para no ser vendida.
El sultán la protege, enviándola a bailar,  somo un día en el palacio del comerciante. Nerviosa, viaja acompañada, en caravana de camellos,  hasta el lugar.
Baila bajo miradas incómodas y regresa agotada pero aliviada. Al reunirse con el sultán, él la recibe con cariño, haciéndola sentir amada.
Aún,  en un mundo de sumisión, atesora este amor profundo, anhelando un lugar eterno en su corazón.

●Nota:  Poder recordar las vidas pasadas,  puede darnos mayor comprensión de la vida,  y de nuestra realidad espiritual,  donde vivir una vida adaptada a situaciones ya creadas socialmente,  te condiciona a situaciones dificiles,  pero circunstanciales.  Donde la experiencia queda grabada en tu memoria,  aunque en apariencia sea olvidada. Pero estará ahí... de manera recóndita,  pero tan latente como la vida misma.
¡  y acaso, vivir no es eso!  Acumular experiencia para la vida,  experiencia que esperamos nos ayude a lograr ser mejores.  Quizás esa siempre ha sido la esperanza.  ¡ Pero posiblemente,  nunca ha ocurrido así !

Quizás es necesario recordar lo vivido antes,  con consciencia analitica y criterio propio,  para que la experiencia sea útil a la vida.   Y esto pueda cambiar toda cultura,  a un  razonamiento más espiritual,  donde el pensamiento y la emoción,  se equilibren con más realidad funcional.

 

Autor.    Consuelo Sanchez.
                 

 

 

  • Autor: Sheilo Sanz (Online Online)
  • Publicado: 10 de septiembre de 2026 a las 10:34
  • Comentario del autor sobre el poema: Agradezco a todos siempre, valoro el interes y apoyo, en estas historias de vidas pasada. Una comprensión para entender con más consciencia, las realidades de nuestro pasado, que de diferente manera o diferente escenario, hemos vivido todos. Épocas diferentes a lo que conocemos hoy, pero que aún hay culturas, que sostienen todavía la historia oprimida del pasado. Agradezco mucho su atención, mi gratitud siempre . Sheilo Sanz.
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 1


Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.