Yanaina
No quiero quererte de cualquier manera.
No quiero que seas
una historia breve entre mis recuerdos,
un nombre que alguna vez pronuncié con ilusión
y que después aprendí a decir con nostalgia.
Si algún día llego a llamarte amor,
quiero que esa palabra tenga raíces.
Quiero que detrás de ella existan
conversaciones interminables,
días difíciles que supimos atravesar,
silencios que no necesitaron explicaciones,
confianza construida lentamente
y dos personas que, aun pudiendo marcharse,
decidieron quedarse.
Hace apenas un mes que te conozco,
y sé que un mes no alcanza
para conocer un alma.
Todavía desconozco tus heridas,
las batallas que libraste en silencio,
las cosas que te hacen llorar
cuando nadie te ve,
los sueños que guardas
por miedo a que el mundo los rompa.
Todavía no conozco todas tus versiones.
Y precisamente por eso
no quiero decir que te conozco completamente.
Quiero algo más hermoso:
quiero conocerte.
Conocer quién eres
cuando estás feliz,
cuando estás cansada,
cuando algo te duele,
cuando la vida no te sonríe.
Quiero descubrir
qué cosas te hacen sentir viva,
qué sueños te hacen mirar al futuro,
qué recuerdos todavía viven en tus ojos
y qué parte de tu corazón
aprendiste a proteger.
Porque no quiero querer solamente
la versión de ti que aparece cuando todo está bien.
Quiero aprender a estar
también cuando el cielo se vuelva gris.
No quiero ser alguien
que llegue a tu vida para llenarte de promesas.
Quiero ser alguien
cuyos actos hagan innecesarias las promesas.
Que si algún día me necesitas,
no tengas que preguntarte si estaré.
Que si alguna vez dudas de ti,
puedas recordar que existe alguien
que vio en ti algo hermoso
antes incluso de conocerte por completo.
Y sí, me gustas.
Pero lo que siento no quiero reducirlo
a una simple atracción.
Porque no fueron tus ojos
los únicos que llamaron mi atención.
Fue la persona que existe detrás de ellos.
Esa forma tuya de ser,
de hablar,
de aparecer en mis días
y dejar algo de ti incluso después
de que nuestra conversación termina.
Hay mensajes tuyos
que duran segundos en una pantalla
pero permanecen mucho más tiempo
en mi corazón.
Y quizá no sepas
cuántas veces una palabra tuya
ha cambiado la forma en que terminó mi día.
Tus ojos…
Hay algo en ellos
que todavía no sé explicar.
Quizá sea su color,
quizá sea la manera en que imagino
todo aquello que todavía esconden.
Pero cuando pienso en ellos
no pienso solamente en belleza.
Pienso en profundidad.
En una historia que todavía no conozco.
Y quisiera algún día
tener la suficiente confianza
para que puedas contarme
cada capítulo que decidas compartir conmigo.
No quiero apresurarte.
No quiero convertir un sentimiento bonito
en una obligación.
Quiero que si algún día existe un “nosotros”,
nazca porque ambos lo elegimos.
Porque los dos entendimos
que amar no es poseer,
ni controlar,
ni exigir.
Amar es cuidar sin encadenar.
Es respetar incluso cuando pensamos diferente.
Es permanecer sin dejar de ser libres.
Es mirar a la otra persona
y pensar:
“No te necesito para existir,
pero entre todas las personas que podría elegir,
te elijo a ti.”
Eso es lo que quiero.
No algo perfecto.
Algo verdadero.
Algo donde podamos crecer
sin dejar de ser nosotros mismos.
Algo donde podamos equivocarnos
y aprender.
Donde podamos reír hasta olvidarnos del tiempo
y también llorar sin sentir vergüenza.
Algo que no dependa de palabras bonitas,
sino de pequeños actos repetidos
hasta convertirse en confianza.
Yanaina…
No sé qué nombre tendrá esto mañana.
No sé si el tiempo terminará convirtiendo
este sentimiento en una historia
o en un recuerdo bonito.
Pero sí sé algo:
no quiero jugar con lo que siento por ti.
Si la vida me permite construir algo contigo,
quiero hacerlo bien.
Sin prisas.
Sin mentiras.
Sin máscaras.
Paso a paso.
Día a día.
Porque quizá el amor verdadero
no comienza cuando dos personas dicen
“quiero estar contigo”.
Quizá comienza mucho antes:
cuando dos personas se miran
y deciden conocerse de verdad.
Cuando dejan de buscar algo perfecto
y empiezan a cuidar algo auténtico.
Cuando entienden que un “para siempre”
no se promete en una noche…
se construye en cada amanecer que ambos deciden compartir.
Y si algún día llegamos hasta allí,
si algún día nuestras manos encuentran
la manera de caminar juntas,
quiero poder mirar hacia atrás
y decir:
“Valió la pena esperar.
Valió la pena conocerte.
Valió la pena construirte un lugar en mi corazón.”
Porque yo no quiero quererte de cualquier manera.
Si voy a quererte,
quiero hacerlo de verdad.
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Autor:
Daniii (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 7 de septiembre de 2026 a las 18:59
- Categoría: Amor
- Lecturas: 1

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