𝐄𝐍 π€πŒππŽπ’ π‹π€ππˆπŽπ’

ronald tadeo ramirez elizalde

En la penumbra te acercas callada, con esa mirada que incendia la calma; muerdes tus labios, contienes el deseo, y el silencio nos habla más fuerte que el miedo.

 

Te beso despacio, con hambre contenida, como quien descubre un secreto en la piel; cada roce despierta una llama escondida, y cada suspiro me invita a volver.

 

Tus caderas dibujan un ritmo lento, tus ojos me buscan, no dicen que no; la noche se vuelve cómplice del momento y el mundo se pierde cuando estamos los dos.

 

Te beso en ambos labios, los que sonríen y los que callan; los que guardan tus secretos y aquellos donde el deseo estalla.

 

Tu cuerpo es un mar de mareas inquietas, yo, navegante perdido en su inmensidad; y entre caricias, miradas y promesas, nos olvidamos del tiempo y de la realidad.

 

Tus suspiros se vuelven música, tu piel, un poema que quiero leer; y en cada silencio que queda entre nosotros hay una pregunta que no hace falta responder.

 

Los segundos se alargan, la noche se entrega, el deseo nos envuelve sin pedir explicación; y mientras tu mirada lentamente me quema, dos cuerpos se encuentran siguiendo al corazón.

 

Hasta que la madrugada nos encuentre rendidos, abrazados al fuego que supimos encender; sin saber dónde terminamos nosotros ni dónde comienza nuevamente el amanecer.

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