Quiero mirarte.
Saber que no fue un golpe
un azar
un accidente.
Saber que estás
que estamos
porque así tenía que ser,
porque nuestras moléculas fueron cosidas
con el mismo hilo,
porque no había otra forma de existir...
Aveces te miro y siento que la tierra entera
ha guardado silencio para dejarte pasar.
Hay en tus ojos un olor a sal, a lluvia fresca,
una marea azul que me deshace el pecho
y me devuelve intacto a la orilla de tus manos.
No es casualidad que tengamos la misma sed.
Tú traías la luz guardada entre los dedos,
yo traía este corazón de arcilla dispuesto a estremecerse.
Mírame, amor mío,
y deja que mi alma se quede suspendida
en el abismo dichoso de tu mirada.
Déjame posar la boca sobre la tuya,
despacio,
hasta que los sentidos se vuelvan uno solo,
hasta que la razón pierda su centro.
Estar a tu lado no es un capricho del tiempo;
es una verdad rotunda que me quema y me salva.
No necesito gritarle al mundo lo que somos.
Me basta con esta devoción diminuta,
con saberme tuyo en la penumbra,
sabiendo que Dios o la suerte
tuvieron que doblar las manos y aceptar
que no nos podíamos perder.
m.c.d.r.
-
Autor:
m.c.d.r (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 6 de septiembre de 2026 a las 23:48
- Categoría: Amor
- Lecturas: 2
- Usuarios favoritos de este poema: racsonando

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