Permanezco inmóvil,
soy una frágil y masculina silueta verde
meciéndome nervioso en la rama.
El mundo para mí está por dejar de existir.
Solo importa en la escena
esa silente figura que se proyecta
majestuosa contra el sol poniente.
Ella es la diosa,
la ejecutora,
la amante perfecta.
Su cuerpo es arte
diseñado para la aniquilación.
Soy un pobre poeta de seis patas,
que está a punto de firmar
mi propia sentencia.
La muda me ha transformado
en un templo de paciencia.
No me muevo, pero percibo
un susurro químico de atracción
que anula cualquier instinto de supervivencia.
Su quietud no es pasividad,
es una promesa evolutiva.
En sus equisostédricos ojos
veo el reflejo de mi extinción;
aun así, necesito acercarme.
Mi mente minúscula pero ardiente
sabe que cualquier error
me llevará a una muerte segura antes de tiempo.
Una voz ancestral me advierte que huya,
que esa belleza es la más perfecta y fatídica
trampa de la naturaleza.
El sacrificio es la forma más pura del amor.
Doy un paso tembloroso,
luego otro.
Es una patética y a la vez magistral coreografía,
un vals de nervios y deseos.
Mientras la veo por última vez.
No es miedo, es éxtasis.
Frente a ella realizo una ofrenda:
bajo la cabeza,
mientras me dejo caer aterrado
escurriéndome entre las ramas;
manteniendo viva por un pelo de rana
mi sentenciada virginidad
06-09-2026
© Derechos reservados 2026
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Autor:
Humberto Frontado (
Online) - Publicado: 6 de septiembre de 2026 a las 13:46
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 2

Online)
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