Me encuentro por la calle
con una antigua amiga de la infancia.
Está muy linda. ¡Vaya que ha cambiado!
Me halaga descubrir que me recuerda.
Me dice, que, por algo de su empleo,
va rumbo a la cercana galería.
Intento quedar bien y la acompaño.
Llegando, se dirige a la oficina.
Algunos han volteado;
la miran alejarse
siguiendo el resonar de sus tacones,
su rastro con esencia de jazmines...
¡Mentira…! ¡Le van viendo las caderas!
Y, mientras me entretengo,
mirando unas pinturas de Kandinsky,
me acuerdo de mi hermana;
de cómo me burlé de sus dibujos,
aquellos, en la infancia, tan extraños.
Ahora me arrepiento, pues, podrían,
(con un poco de suerte)
haber dado solvencia
al corto presupuesto familiar.
Avanzo algunos pasos.
Percibo una invasión de surrealismo.
Por no predisponerme,
intento no hacer caso a los letreros.
Y trato de captar lo que transmiten
las mezclas (al arbitrio)
de líneas, de colores y de formas.
Y no me dicen nada…
Algunas de esas obras las haría
con los ojos cerrados
(tan sólo denme un lápiz).
Y miro las reseñas.
Explican algo que no logro ver...
Sutiles manipulan,
tratando de cambiar mi percepción…
Me voy a otro pasillo.
Me gustan los paisajes de Monet,
aprecio la belleza en las mujeres
rollizas de Botero...
Y veo que ella viene ya de vuelta.
El fin de la visita.
Quedamos de encontrarnos una noche
en el rincón oscuro de algún bar.
Parece que promete...
El paso de los días me demuestra
que hay cosas en la vida
que a veces, de manera imperceptible
te dejan una huella...
Pues, no logro sacarme de la mente
“El Grito”, aquel de Munch,
con su angustiado rostro;
incluso, lo he soñado algunas noches.
A veces, cuando miro a la vecina,
evoco (sin querer)
la Venus de Velazquez.
Y pienso en los relojes de Dalí
cuando el despertador, en las mañanas,
se estrella en la pared o contra el piso.
¡Y vaya que resiste sin romperse!
Hay otras sin embargo…
Lo siento… sigo aquí con la manía,
que tengo, de exponer y criticar
las cosas que no entiendo…
Y sí que me ha causado algún problema...
Así me sucedió cuando mi exnovia...
(aquella que intentaba ser poetisa).
Y yo no comprendía sus escritos...
con sus frases profundas
y sus versos repletos de rarezas
(metáforas, decía).
Valoro su paciencia al explicarme,
y sin embargo, no…
algunas no entendí ni a la tercera.
Y yo le cuestionaba esa obsesión
de hacerlo complicado.
Le dije, que su forma de escribir,
quizás, nadie la entiende;
que debía dejar (en sus poemas)
que las palabras fluyan...
tal cual y las películas de Marvel.
Entonces me decía...
Un día se marchó sin despedirse.
Quizás logró triunfar.
Pues, siempre hay quienes premian
(lo vi en la galería)
aún aquellas cosas que no entienden.
Ahora, casual
mente, la recuerdo.
Ya (casi) no me duelen sus palabras…
Decía… (con frecuencia) que carezco
de sensibilidad.
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Autor:
LORENZO ARATU (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 6 de septiembre de 2026 a las 12:11
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 5
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais, Violeta

Offline)
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