Donde comienza la luz

José Honorio Martínez Ochoa

Donde comienza la luz

Frente a tu mirada
abre una flor.

No sé si nace
o si simplemente
recuerdo haberla visto
en otro tiempo.

Amanece la luz en tus ojos
y algo en mí
abandona su nombre.

Tu sonrisa
pasa como una nube sobre el mar,
dejando en la memoria
una claridad que no se puede tocar.

Entonces comprendo
que acercarse al otro
no es acortar la distancia,
sino entrar lentamente
en el misterio de su existencia.

Tus manos
tocan el silencio
que llevo dentro.

Y mis nervios,
como ramas bajo la lluvia,
recuerdan
que también el cuerpo piensa.

Hay una sed
que no busca saciarse.

Una sed más antigua
que los labios,
una sed de permanecer
un instante
en aquello que nos revela.

Me acerco a tu mirada
y encuentro una selva:

hojas que tiemblan,
agua que desciende,
raíces buscando
la oscuridad de la tierra.

Quizá amar
sea eso:

reconocer en otro ser
la misma intemperie
que nos habita.

Por eso me ato a tu sonrisa
no para poseerte,
sino para perderme
en esa región
donde la palabra
deja de explicar
y comienza a revelar.

En tus ojos
aparecen sueños
que duran apenas un instante.

Estrellas escribiendo
sobre la sombra
de tu sonrisa.

Y mientras te miro,
el mundo sucede:

una hoja cae,
el mar respira,
la tarde se desprende de los árboles.

Todo se mueve
hacia su desaparición.

Y nosotros,
sin saberlo,
también somos ese movimiento:

una mirada,
una respiración,
una breve luz
antes de volver
a la oscuridad.

Tal vez por eso
frente a tu mirada
abre una flor.

Porque hay encuentros
que no detienen el tiempo:

lo hacen visible.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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