¡Maestros!
Olvidé el reloj...
Lo dejé durmiendo sobre el barril de pólvora encendida...
Y explotó en amarillas y doradas luces
y carnes que vuelan desfiguradas por mortero segundero.
Y corre y corre como la sangre,
venimos pisando lodo seco con callos blandos,
yo y Roque Dalton.
Lágrimas de cocodrilo: de ninguna de sus raíces rancias
o sus acciones más rotas se avergüenza este santo.
Por eso, espíritu de caimán comodino o bien cerillo,
porque solo me da sed andando cerca de la espuma.
En un eterno recreo escogemos Rayuela para jugar,
y reímos entre la ge y la jota
que suenan siempre juntas en la perezosa muñeca del mal poeta.
Se cobija un acomplejado poema
que se arrejunta en el cercano final de la hoja,
lleno de sumisión y de respeto.
Uribe no les ponía título a los suyos;
pues escribía cual bocanada de aire
y esponjosa ceniza de refinado cigarillo,
de tan largo filtro y de tan tersa cadencia
que de humo y razón saturaban el aire nocturno...
Y yo no solo lo titulo,
lo remarco en el mío:
¡Maestros!
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Autor:
Pepe Golpe (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 5 de septiembre de 2026 a las 16:33
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

Online)
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