TAMARA CELIA

Isgo

Medianoche del Valle.
En hoteles, no en la calle.
Aguas de la cañada y niebla;
más bien, densa tiniebla.

Abro los ojos, sudando:
¿Despierto o soñando?
Tu sombra me desvela.
Encenderé una vela.

Imaginé tu sonrisa y mi risa,
los dos reflejados en la brisa.
Sirvo café en mi taza querida.
Me la regaló mi preferida.

Borracho de melancolía,
ayer invertí mucho por vos.
Vivo triste tu firme apatía,
y ebrio de esa callada voz.

Ex mitad, aún te extraño.
T-Kiero. Corazón de oro.
Aladino y Tanguito a coro:
¡Provocás tu propio daño!

Eras mi todo… y mi nada.
La luz… y mi oscuridad.
Fuiste mi sol, amada,
y también la crueldad.

Te llené de cartas y ansia,
lo hacía desde la distancia.
Te di mi honor sin precio,
y recibí luego tu desprecio.

La inmadurez te ganó,
una dificultad real te frenó,
y a mí, la intacta fidelidad:
acepto mi noble ingenuidad.

Rimo desde la añoranza.
Jamás buscando venganza.
Primogénitos de nacimiento
que graficaron un sentimiento.

«Perdón. Era muy joven.
Lo siento si te lastimé»,
escribiste luego tranquila,
y yo, nuevamente, callé.

Seguirte amando así
es un suicidio lento. Sí.
Fue justa tu prudencia…
Me asfixia tu ausencia.

Dos triángulos invertidos,
con orígenes parecidos.
Como Iluso, te pedí la mano,
pero ibas ya en contra mano…

¿Y qué? ¿Renegar? ¿Culparte?

De novios, felices de estar.
No me arrepiento del pasado.
Probé el amar, el dar y gozar;
fue corto, fugaz y disfrutado.

Silencio. Nadie contesta…
Dime algo, Córdoba Dorada.
No. Mejor seguí callada,
idealizada, aires de idolatrada…

La invasión en mí perdura.
Perdí décadas sin cordura.
Pero mejor haber sufrido
que no haberte conocido.

La dulce miel no tiene sabor,
ni el eucalipto Anais olor.
Mi soledad tiene consistencia:
¿será demencia o abstinencia?

Desde el sueño americano
a lo simple, mundano.
Divino lago de invierno.
Después viví el infierno.

Más fantasía que realidad.
Así será por la eternidad.
Amore Morto Qui Parla.
Unos meses, la simple charla.

¿Hasta cuándo, Dios?

Fuera ya de mi alma.
Quiero vivir con calma.
Más no puedo entregar.
Llegó la hora de renunciar.

Retiro mi rastro y poesía.
Seguiré solo esta travesía.
Último poema con tu inicial:
Tesoro Con Joyas, puntual.

Envío estas líneas en cristal.
Fuiste en mi vida especial,
y sin querer, sin puñal, letal…
Hoy Decido Ganar, mental.

El café se consumió.
Tu taza, mía, se quebró:
Aquel grafiti desapareció.
El reloj de arena se vació.

Apagué la bendita vela…
Con cicatrices de tu estela.
Valentía y fuerza para actuar.
Volveré con fe a recomenzar.

  • Autor: Isgo (Online Online)
  • Publicado: 2 de septiembre de 2026 a las 16:40
  • Comentario del autor sobre el poema: Ya esposo, padre y abuelo… Y sin embargo, todavía recuerdo y escribo sobre aquella joven de ojos café que, en 1993, sin saberlo, se transformó en el AMOR de mi vida. No en la mujer de mi vida. Paradójicamente, no. Muchos , muchísimos años han pasado desde entonces. Una vida entera, podría decirse. Y aun así, a pesar del silencio y la desconexión total, hay sentimientos profundos que el tiempo no consigue borrar, aunque la razón sepa perfectamente dónde ponerlos. Nunca negué lo que sentí. Nunca necesité hacerlo. Sí ocultarlo para no herir a la madre de mis hijos sin sentido. Pero así es la vida, a veces, lo racional se ve opacado por lo…
  • Categoría: Amor
  • Lecturas: 1


Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.