No es este el canto roto de la herida,
ni la penumbra gris donde los hombres
doblan la espalda si la fe fracasa.
Para el que pierde el dios o la bandera
no guardo una oración entre los labios.
No vestiré la máscara del juego.
Ese cartón pintado con que el débil
pretende guarnecerse de la lluvia
no se ajusta a mi rostro gastado.
Hablo de aquellos que encajaron limpios
los golpes de la tierra.
De los días idénticos y mudos
en que fuimos la sombra de una cifra,
la nada exacta que el dolor calcula.
Pero queda la luz entre las manos.
Es hora de inventarse un mediodía,
de andar hacia adelante sin el peso
de mirar hacia atrás, hacia las ruinas.
Vivir no es otra cosa que este empeño.
Estar aquí, de paso,
mientras dure el destello de la carne.
Porque el tiempo destruye lo que toca
y no habrá una segunda primavera.
Solo quiero este mar, este aire breve.
Durar bajo la luz.
Estar despierto
mientras la vida tenga la constancia
de seguir sucediendo.
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Autor:
Jose Barrientos (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 2 de septiembre de 2026 a las 12:53
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 3
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais

Offline)
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