El imperio
El imperio llega con las manos limpias,
con corbatas que huelen a petróleo,
con discursos de libertad
y mapas donde siempre aparece
alguna tierra ajena por repartir.
Llega primero la palabra,
después el contrato,
luego la deuda,
el embargo,
la amenaza escondida en una firma,
y cuando un pueblo se niega a entregar sus entrañas,
aparecen los barcos,
los fusiles,
los cielos convertidos en incendio.
Bajo la tierra duerme el oro,
arde el petróleo,
respiran minerales antiguos,
pero sobre ellos se inclina
la mano interminable del imperio.
Y extrae.
Extrae la riqueza,
extrae la sangre,
extrae los años de los hombres
que trabajan por monedas
mientras las fortunas crecen
al otro lado del océano.
Después fabrica presidentes de bolsillo,
hombres elegidos entre sombras,
gobiernos nacidos de la trampa,
de la manipulación de las urnas,
del fraude cuidadosamente vestido de democracia.
Y aquellos que llegan al palacio
aprenden pronto la reverencia:
firman concesiones,
venden montañas,
entregan ríos,
ofrecen bosques,
ponen precio a la patria
y llaman inversión
a la venta de la casa de todos.
Pero cuando algún pueblo levanta la frente
y dice no,
el imperio descubre una palabra nueva:
embargo.
Cierra los caminos,
estrangula mercados,
persigue monedas,
asfixia economías
y luego señala las ruinas
para preguntar, con hipócrita asombro,
por qué ese pueblo tiene hambre.
También existe otra mercancía
en las vitrinas de la geopolítica:
el narcotráfico.
«Para imperio, el narcotráfico no siempre se combate: se utiliza.
A unos los indulta, a otros los acusa; a unos los llama aliados, a otros narcos.
No es la droga lo que determina al enemigo, sino la geopolitica.»
Así se fabrican enemigos,
se justifican persecuciones,
se levantan bloqueos
y se bendicen gobiernos
según convenga al dueño de la balanza.
Mientras tanto,
en las minas quedan pueblos sin oro,
en los pozos quedan pueblos sin petróleo,
en los campos quedan jornaleros sin tierra
y en las fábricas
hombres y mujeres venden su vida
por un salario que apenas compra el día.
Y desde los grandes salones
nos hablan de progreso,
de mercados libres,
de democracia,
de civilización.
Pero nadie pregunta
quién pagó la factura.
Nadie cuenta los muertos
cuando se inaugura un oleoducto.
Nadie escucha los huesos
debajo de una mina agotada.
Nadie menciona al campesino
cuando el mapa cambia de dueño.
Entonces no me habléis
del milagro de las grandes fortunas.
Preguntad primero
cuántas montañas fueron despojadas,
cuántas manos fueron explotadas,
cuántos gobiernos fueron comprados,
cuántas guerras fueron necesarias
para levantar aquellos palacios.
Porque la riqueza obscena de unos pocos
no cayó del cielo:
tiene barro en los zapatos,
pólvora en la memoria
y sangre de muchos pueblos
pegada a sus cimientos.
No llaméis grandeza
a la fortuna del imperio.
No hay grandeza
en levantar torres con el oro de los despojados,
ni en llenar bóvedas
con el petróleo arrancado de otras tierras,
ni en multiplicar riquezas
sobre el hambre de los vencidos.
No hay grandeza
en las manos que firman contratos
mientras detrás de sus firmas
quedan pueblos empobrecidos,
minas vaciadas,
campos sin dueño,
trabajadores condenados a vender su vida
por el precio miserable de un día.
La riqueza acumulada sobre la ruina ajena
no es prosperidad:
es despojo vestido de ceremonia.
Y ningún imperio puede llamarse grande
cuando su grandeza necesita pueblos de rodillas,
gobiernos sometidos,
fronteras incendiadas
y millones de manos
trabajando barato para sostener
el lujo de unos pocos.
Porque la verdadera grandeza
no consiste en poseer más que los otros,
sino en no necesitar
la miseria de nadie para vivir.
Que nadie confunda, entonces,
el tamaño de una fortuna
con la estatura de un pueblo.
Porque una riqueza edificada
sobre la desgracia de otros pueblos
puede ser inmensa,
puede deslumbrar al mundo,
puede llenar de oro sus palacios,
pero jamás será grandeza.
Será solamente
la ruina de muchos
convertida en riqueza de unos pocos.
—Luis Barreda/ LAB
Montrose, California , EUA
Agosto, 2026
Género: poesía lírica
Forma: verso libre
-
Autor:
Luis Barreda Morán (
Online) - Publicado: 2 de septiembre de 2026 a las 00:21
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

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