Hoy, 2 de septiembre de 2026 y a pocos días de cumplir 70 años, con la firme idea ya, por fin y después de escribir, a tinta, el primer borrador en Barcelona, año 1973 (con 17 años), he vuelto a recordar un hecho, cierto, que será incluido en lo que será algo así como una novela autobiográfica regalo para mí nieta que el 18 de este mes de septiembre de 2026 cumplirá dos meses.
Esta parte del relato parte de un recuerdo de la juventud y a su vez provocado por la lectura de la novela " La península de las casas vacías", se lee: "... Llegaron no lejos de Baena de noche, los alrededores estaban tomados por los anarquistas: no le dejaron abandonar la zona fácilmente, pues allí en adelante todo era campo de batalla, Paulo (siendo aún un niño) intentó convencerlos de que estaba preparado para la lucha, para la guerra; mintió sobre su edad, dijo que tenía 17 años, y también de su formación militar, asegurándoles que ya había disparado e incluso rebanado algún cuello, mentía..."
Es en este punto de la lectura cuando levanté la mirada de la novela y recordé de inmediato un hecho de mi juventud, de aquel tiempo de fin de mi niñez y ya entrando en la juventud; ...Aquella tarde de otoño, ya fresca, estábamos todos los amigos de aquellos años sentados en Dos bancos del parque del barrio de Las Chumberas en Las Palmas de GC, unos meses antes allí mismo nos habíamos preguntado por Nano, uno de los amigos de la cuadrilla - 7 años mayor que la totalidad de todos nosotros -, y que ya no veíamos desde hacía bastante tiempo. Fue Francisco, el entonces novio de una hermana de Nano, el que nos dijo que este se había alistado voluntario en la Legión española y que estaba en África en la colonia española del Sáhara - la misma que el rey cornudo y traidor Juan Carlos I entregó años después a Marruecos por exigencias del criminal Gobierno de turno de EEUU -.
Unos días después y de nuevo allí reunidos todos en el mismo banco fue cuando alguien levantó la mirada y a unos cien metros vio venir caminando a Nano, un año después de desaparecer de entre nosotros; la alegría fue inmensa y los abrazos fuertes, le encontramos cambiado, más alto y fuerte, de piel muy morena por el sol del desierto, a todos nos entró un estado de ansiedad por saber de lo que era su vida y su tiempo fuera de nuestra tierra, en un lugar de guerra de guerrillas en la frontera del desierto del Sáhara con Marruecos.
Fue entonces Nano contó una acción suya que me dejó helado, aterrorizado: él, un amigo de mi niñez, allí presente nos expuso con tranquilidad y toda clase de detalles cómo había degollado a un anciano saharaui hijo del Pueblo que nos permitía trabajar y por tanto comer allí, en su tierra; todo sucedió, nos contó en una emboscada de madrugada por tribus hassanias que defendían su Patria de las tropas españolas, las invasoras. Escuché su versión de los hechos, sus palabras, en silencio y queriendo alejarme de allí, de aquel círculo de amigos ( que años después, tres, abandoné para siempre y hasta hoy por irme de Canarias, tampoco nunca más volví a ver a Nano, ni saber de él, hoy de vivir tendrá 77 años.
Del que sí supe, por un amigo que encontré en Barcelona años después, fue de Francisco, al que llamábamos Pino Más en recuerdo de un jugador de fútbol argentino del Real Madrid; supe que unos años después la empresa para la que trabajaba, Shovispan, de la Unión Soviética, le pidió trabajar en Kiev, hoy Ucrania, allí se fue y meses después pidió a su novia, la hermana de Nano ir allí, supe que allí se casaron, dejó la empresa y entró a trabajar en la Administración de un hospital, tiene dos hijos y tres nietos. Nunca más han vuelto a Canarias, él es un año mayor que yo.
Un sueño sería, por mi parte, reencontrarme con todas esas amistades y hablar durante días y días para dejar escrito nuestros cachos de vida. Este relato lo conocerá mi nieta, salvo imposibles, a partir de que cumpla 15 años, es un regalo de un tiempo real.
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Autor:
Nkonek Almanorri (
Offline) - Publicado: 1 de septiembre de 2026 a las 17:08
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

Offline)
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