Te descubrí una noche cualquiera,
tecleando cuentos para un libro.
Sin querer, te encontré allí, pequeño,
tu mundo se abrió cual abanico.
Manía febril por tu misterio
correteó con urgencia al sentido.
Leí, medí, cursé la métrica,
me hallé cruzando en tu infinito.
Capturar un instante efímero,
yo ausente, objeto rotundo.
Cuadro vivo en la naturaleza;
en mis ojos, paisaje profundo.
La vida atrapada en un segundo,
el cruce entre tiempos y belleza;
un lapso estacional fecundo
vinculado con delicadeza.
Un austero lenguaje sencillo,
sin carga de adornos ni artificios,
sin imponer que las cosas sean,
sin vestirlas de nuestros prejuicios.
Empatía hacia lo que perece,
una melancolía agridulce
frente a esta mirada objetiva,
sabiendo que nada permanece.
Pausa verbal, nueva perspectiva;
un silencio que al lector cautiva.
Diecisiete sílabas atrapan
el instante: cinco, siete y cinco,
apenas con esos tres latidos
para contener un universo.
Me dirán purista, es muy posible,
por reflejar su esencia original;
aunque la era moderna flexible
incluya metáforas antes de mirar.
Un hototogisu
oculto en el follaje
rasga el silencio
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Autor:
mirtasly (
Online) - Publicado: 31 de agosto de 2026 a las 01:04
- Categoría: Haiku
- Lecturas: 4
- Usuarios favoritos de este poema: Lualpri, Jaime Correa
- En colecciones: Haikus.

Online)
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