EL UNIVERSO NO TE DEBE UN FINAL FELIZ

Jhondy Algenys

 

Los idiotas siguen esperando el remate divino.

 

Buscan un propósito oculto en las estrellas,

una señal en la religión,

una respuesta en discursos baratos de autoayuda,

porque les aterra aceptar la verdad:

 

el universo no está obligado a tener sentido.

 

Es un vacío infinito, caótico e indiferente.

 

No hay una misión escrita para ti.

No hay un destino esperándote detrás de una puerta.

No hay fuerzas místicas equilibrando la balanza.

No hay una mano invisible anotando tus sacrificios para recompensarte al final.

 

Naces.

 

Vives.

 

Pierdes.

 

Amas.

 

Fracasas.

 

Y un día mueres.

 

Y el universo continúa como si nunca hubieras estado aquí.

 

Suena horrible, ¿verdad?

 

Pues deja de llorar.

 

Porque ahí está la parte que no logras procesar:

 

la ausencia de un sentido impuesto no es una condena.

Es libertad absoluta.

 

Si nadie escribió tu historia, puedes escribirla tú.

 

Si no existe un destino, puedes elegir una dirección.

 

Si no existe una misión divina, puedes inventarte una.

 

Si el universo es indiferente, entonces deja de esperar su aprobación.

 

Muévete.

 

Nadie va a venir a salvarte.

 

Nadie te debe nada.

 

El mundo no firmó ningún contrato prometiéndote justicia, éxito, amor o felicidad.

 

Y sí, es injusto.

 

A veces vas a hacer todo bien y vas a perder.

 

A veces un imbécil tendrá suerte mientras tú te partes el alma.

 

A veces la persona que menos lo merece tendrá aquello por lo que tú llevas años luchando.

 

Bienvenido al caos.

 

No puedes controlar el tablero.

 

Pero todavía puedes decidir cómo jugar.

 

Tienes un cerebro.

 

Úsalo.

 

Tienes miedo.

 

Camina con él.

 

Tienes frustración.

 

Conviértela en combustible.

 

Vas a fallar.

 

Aprende a fallar.

 

Vas a caer.

 

Aprende a levantarte.

 

Vas a perder.

 

Aprende a perder sin convertirte en una ruina.

 

Y cuando nadie aparezca con el milagro que estabas esperando,

cuando el cielo permanezca en silencio,

cuando las estrellas no respondan,

 

hazlo tú.

 

No porque el universo te haya elegido.

 

No porque exista un destino glorioso aguardándote.

 

Sino precisamente porque no existe ninguna garantía.

 

Ese es el chiste más viejo del universo:

 

todos están esperando descubrir el significado de la vida,

 

cuando quizá nunca hubo ningún significado escondido.

 

Quizá la vida no trae un remate.

 

Quizá tú eres quien tiene que escribirlo.

 

Así que deja de esperar.

 

Deja de pedir permiso.

 

Deja de buscar señales.

 

Acepta el vacío.

 

Acepta el caos.

 

Acepta que nadie viene.

 

Y entonces, por primera vez,

 

empieza a vivir bajo tus propias reglas.

 

Muévete.



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