El idioma del adiós

Elizabeth Maldonado Manzanero

La casa ha cultivado,
de nueva cuenta, un lenguaje:
el idioma del silencio y la soledad.

Hace tiempo las ventanas
dejaron lejos la impaciencia.
Sobre la mesa quedó muda una taza fría,
como recuerdo que insiste inútilmente
en retener la marcha
de aquel que ha decidido desertar.

Tus pasos que llenaban los pasillos,
como mareas dentro de mi casa,
se volvieron ecos de otro, familiar terreno.

La cama aún aguarda, como mis brazos,
dolorosamente amantes, tu silueta,
pero ésta, no gime más.

La tarde se quedó mirando la puerta,
sin comprender por qué nadie
ha vuelto, a las seis de la tarde a llamar.

 

Y es que es así: todo avanza, todo muda.
Y tu abandono llegó despacio,
como un anciano marchando lento;
no llegó con estruendo,
rompiendo todos los relojes al pasar.

No, se instaló despacio
entre las sombras del nosotros,
como el polvo que empieza
a acumularse poco a poco,
por aquí y por allá.

Y ahora la casa respira distinto.
Ella y yo hemos aprendido
una de la otra
a reencontrarnos.

Cada objeto ha encontrado
una forma nueva de olvidarte:
las cortinas ya no esperan el viento
que traían tus manos.

Los marcos sostienen fotografías
de una vida distante,
y el polvo, paciente,
continúa escribiendo tu nombre
sobre lo que nadie vuelve a tocar.

La taza aún te aguarda,
pero ya no puede ofrecerte
el calor de su bebida;
solo conserva entre sus bordes
la memoria de tu sed.

  • Autor: Isel (Seudónimo) (Offline Offline)
  • Publicado: 30 de agosto de 2026 a las 14:48
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 1


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